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Pablo Gaytán Santiago

El club científico que gobierna la Ciudad de México pretende imponer a sus habitantes una mentalidad y una forma de circular en el espacio urbano. Sin distinguir el carácter del espacio público de nuestra ciudad, los funcionarios de la Secretaría de Movilidad tanto del gobierno anterior como del nuevo replican el modelo de la ciudad compacta, ahora, desde las “operaciones piloto”  a través del Programa de Permisos Temporales para Bicicletas sin Anclaje y Monopatines Eléctricos. Dicen que lo realizan con el fin de recabar información para evaluar el funcionamiento de estos servicios y diseñar sus reglamentos. Un experimento que ya produjo decenas de accidentes, por lo menos un difunto, así como un sin número de multas por rebasar el límite de las áreas unificadas. Pero el club científico SEMOVI olvidó el diagnóstico de movilidad unipersonal, antes de exponer vidas y producir utilidades sin medida a empresas trasnacionales del patín eléctrico y la bicicleta.

La gravedad del asunto tiene que ver tanto con los derechos peatonales como con el derecho colectivo al espacio público. Al transitar por las calles de las colonias Condesa, Hipódromo, Roma, Juárez, Centro Histórico entre otras, el transeúnte local, visitante o trabajador de la periferia se encuentra con decenas de obstáculos, o sea bicicletas y patines  estacionados por los jóvenes habitantes de la ciudad compacta, lo cual significa de facto privatización del espacio público y uso de la infraestructura peatonal por empresas privadas. Los efectos son tanto la privatización del espacio público como el uso de la infraestructura pública para el beneficio de empresas transnacionales, entre las que se encuentran MOBIKE, VBIKE, DEZBO y MOTUM. En suma, estamos frente a un fenómeno del despojo, permitido por el gobierno de la ciudad.

El fenómeno no termina ahí. Ya que la conversión de las banquetas y espacios vacíos en estacionamiento para patines y bicicletas uberiza el espacio público. Mostrando así la insaciable sed de utilidades de las empresas mencionadas, ahora los peatones no sólo tenemos que eludir las ilegales terrazas de los comercios establecidos, los locales de los ambulantes corporativizados por el gobierno en turno, sino también ahora los vehículos del cognitariado de la ciudad compacta. Tal parece que el sueño del cognitariado y del club científico es que la calle se convierta en un carril confinado más, es decir, el sueño de una calle sin peatones. Y por lo tanto un flujo sin la molestia presencia de personas de la tercera edad y personas con discapacidad.

El patín de la uberización de la calle significa la evacuación del espacio público. Con ello se pretende rediseñar el espacio público a imagen y semejanza de ciudades como Berlín, Ámsterdam o Londres, en favor del cognitariado que habita algunas zonas de la ciudad, ya que aquí no opera el discurso del transporte sustentable, debido a que los habitantes de la periferia, trabajadores de bajos salarios, desempleados, profesionistas precarizados, comerciantes, se desplazan a la centralidad metropolitana por necesidad, y por lo tanto la bicicleta y mucho menos el patín del diablo o la tabla son ideales para transportarse. En todo caso se necesita el rediseño de la operación del sistema de transporte público por tierra. En algún tiempo no nos vayan a convocar a demandar el aumento de las tarifas del transporte público, so pretexto de su viabilidad.

El asunto de los patines y las bicicletas obliga efectivamente a un diseño de los carriles confinados y la calle misma. Lo cual implica el inicio de un alisamiento del piso, es decir,  en su perspectiva, el gobierno tendrá que gastar recursos públicos en la construcción de infraestructura, y sí de acuerdo a su evaluación, diseña la ubicación de anclajes para bicicletas y patines, ello significará despojo del espacio público. En ese sentido lo mejor es que las empresas involucradas creen en espacios privados estacionamientos para bicicletas y patines, así como sistemas de recolección de sus vehículos como empresas con todo y trabajadores contratados con salarios dignos. Además de que el gobierno de la ciudad encuentre formas de pagar impuestos por el uso del piso y la infraestructura, y que ese costo no sea cargado indirectamente el usuario. Se trata de la defensa del espacio público y la infraestructura colectiva. Seguir sus proyectos sin el punto de vista del peatón significa atentar contra los derechos de la mayoría de habitantes de esta ciudad.

Además es necesario un reglamento de derechos del peatón. En este sentido el peatón debe ser reconocido como un sujeto de derechos frente a todo tipo de conductor, así sea ciclista o patineto.

En estos momentos, sin reglamentos ni leyes que rijan el espacio público, éste se está uberizando, como fruto del encuentro de la renta móvil empresarial de los patines y las bicicletas y el espacio público alisado. Para la uberización cualquier regla es una rugosidad que le limita. Muestra así cierta continuidad capitalista, ya que las corporaciones aprovechan cualquier vehículo que permita su expansión. Para así desplegar una infraestructura que permita el flujo de capital sin interrupciones,  lo cual ha llevado a las empresas uber a conquistar los márgenes de calles y avenidas, por ejemplo, dichas empresas trasnacionales ven en los carriles confinados un espacio de valorización, como ya lo hacen las empresas de pizzas, ubereats, y otras, las cuales saben aprovechar la infraestructura pública. Sus vehículos les quitan espacio precisamente a los patinetos y a los ciclistas.

En suma, la uberización del espacio público esta matando el espacio público. En el inicio esta prohibida la accesibilidad del peatón a la calle y eso no lo deberíamos permitir. Si lo permitimos llegará el momento en el que a las personas de la tercera edad les renten tablas a control remoto, para que no estorben y fluyan, convirtiendo al obstáculo humano en un objeto mas de la valorización capitalista. Ese es el encanto de la sustentabilidad del club científico que gobierna la ciudad; deshumanizar lo que queda del espacio público mediante su fluidez. Ese flujo conduce al desastre, ya hemos visto accidentes en donde las víctimas son los ciclistas y los patinetos.

Se trata también de una cuestión política a favor de las trasnacionales de la renta de vehículos unipersonales; ya que la desaparición del espacio público depende de la eliminación centralizada de la capacidad crítica en nombre de la comodidad y el placer.  Al contrario de esa anti-política mercantil los ciudadanos-peatones debemos defender nuestros derechos de calle y espacio público, por esas razones el gobierno de la ciudad debe consultarnos. 

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