Submetropolitanos

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A nuestros amigos

Guadalupe Ochoa
Pablo Gaytán

Quienes integramos las primeras generaciones de estudiantes modulares de la UAM-X, experimentamos nuestra formación en una zona autónoma temporalmente académica. Una frontera entre la moderna universidad de masas en ascenso (UNAM) y la universidad en proceso privatizador. En una institución que a finales de la década del setenta ya tenía ciertos miasmas nostálgicos, pero al mismo tiempo desbordada por el entusiasmo ideológico de izquierdas; en las aulas los estudiantes pedagógicamente nos apropiamos del conocimiento de manera significativa a través del objeto de transformación o la palabra generadora. Nuestra formación basada además en los procesos cognitivos nos volvió un poco autodidácticas, nuestra formación dependía en mucho de nuestra curiosidad e interés por aquello que los especialistas llaman el conocimiento. En ese ser y hacer como ahora suelen decir los especialistas en educación técnica, muchos de ellos formados en la pedagogía piagetiana, los estudiantes modulares de Ciencias Sociales y Humanidades fuimos influenciados por diversas teorías sociales, de la psicología o de la economía que en ese tiempo fueron introducidas por nuestros maestros que habían regresado de Europa, particularmente de Francia e Italia. Así por ejemplo, en las carreras de sociología y psicología nos introducimos a las teorías del esquizoánalisis, los grupos operativos, el pensamiento radical italiano, la teoría del poder foucoltiana, la antipsiquiatría, las filosofía nietzcheana, el anarquismo y las nuevas tendencias del uso de las tecnologías de la información y la comunicación, todo ello aderezado con un poco de la agonizante cultura subterránea y la contracultura de los setentas. Así surgirían de manera paradigmática algunas manifestaciones estudiantiles de vanguardia como el grupo netopía, los estudiantes libertarios, los proles metropolitanos, los ecologistas y varios más.

Más tarde, cuando egresé de la UAM-X, muchos de los miembros de aquellas primeras generaciones modulares se inscribieron en los movimientos de campesinos que buscaban nuevas formas de producción, otros, contagiados por el neorromanticismo revolucionario se sumaron a los nuevos movimientos armados, algunos se convirtieron a la teología de la liberación, otros tomaron contacto con la novel revolución nicaragüense, los más jóvenes(como fue mi caso) continuamos en los movimientos contraculturales y suburbanos de la época, y otros ingresaron en la universidad como profesores e investigadores. La difusión rizomática de aquélla generación, en diversas intensidades, grados de compromiso y transformación, algunos experimentamos un crecimiento interior y profesional que se traducía en el desarrollo de nuestra autonomía, como potencia social dada por el sistema modular. Sin duda, nuestra formación modular no nos volvió especialistas en nuestras respectivas disciplinas, sino más bien nos tornó en jóvenes curiosos, mediante la investigación social en las bibliotecas o en el campo de lo social, siempre con ese espíritu de transformación de una realidad inmediata. En el encuentro con nuestro “objeto” de investigación, entre disquisiciones filosóficas, activismos políticos y búsqueda de un método que condujera a producir conocimiento, en medio del desempleo y la vagancia. A mediados de la década de los ochenta me enrolé con algunos colectivos punk de la época. Poco a poco descubrí y descifré imaginariamente a la submetrópoli, al movimiento punk, sus significados, y como siempre sucede, el azar me llevo a usar una cámara de video. A través del ojo electrónico conocí el lenguaje audiovisual y las técnicas de registro etnográfico y el género documental en el naciente video. Entusiasmado descubrí en ese ojo la otra parte de mí.

En esos tiempos me encontré con Guadalupe Ochoa, también egresada de sociología y mi compañera de viaje, con quien a partir de ahí experimentaríamos la producción de documentales que me atrevería a nombrar como documentales sociológicos proceso. Definidos así, porque nace como una necesidad interior de cada uno de nosotros y como una demanda producida en nuestra relación con colectivos, comunidades, organizaciones y movimientos urbanos, contraculturales, indígenas y de migrantes, con quienes hemos desarrollado nuestra producción de documentales y un método de aproximación a la realidad empírica. Después algunos años de investigación participante al interior del movimiento punk en la ciudad de México y áreas metropolitanas (1980-1989) concluimos el video sociográfico “Submetropolitanos”(1990), en un contexto social caracterizado por la llamada “democratización” del acceso a los medios electrónicos de comunicación (III Encuentro Latinoamericano de video, 1990) y la mundialización de los intercambios comerciales y comunicacionales, con el cual reconocimos en la práctica el impacto del acceso a las nuevas tecnologías comunicativas en el movimiento (contra)cultural juvenil. Dicha experiencia nos ayudó a descubrir en aquél momento la gran producción de videogramas realizados por grupos indígenas (Zapotecos, Chinantecos, Mixes),organizaciones culturales urbanas (Unión de Vecinos y Damnificados 19 de septiembre, Tepito Arte Acá), colectivos ligados a los movimientos de independencia sindical (Colectivo Imágenes Herrantes), entre otros, quienes con sus producciones construían las primeras experiencias de apropiación de los medios electrónicos de comunicación, en específico del video. La aproximación a estas experiencias estimuló nuestra práctica sociográfica del video. De esos años a la fecha hemos utilizado la técnica videográfica en investigaciones sobre los movimientos juveniles y (contra)culturales que dieron como resultado los siguientes videos: La década podrida (1985-1995), documental sobre el movimiento punk en la ciudad de México y áreas metropolitanas; Videografiti, memoria del presente (1999), documental sobre el movimiento grafitero en las ciudades de Monterrey, Ciudad Neza y Ciudad de México; Rastros de hollín (2000-2003), reality life sobre la migración de una indígena zapoteca a la ciudad de México y su encuentro con distintos movimientos sociales y culturales en la Metrópoli defeña, y recientemente El nómada del subsuelo (2006), documental biográfico sobre Iti, músico, cronista y poeta punk de ciudad Nezahualcóyotl, y Rockabilly Mextlan(2008), documental sobre el movimiento musical del rockabilly en nuestro país, hasta ahora inédito.

Estas experiencias nos han permitido entablar un diálogo con distintos videastas y colectivos de comunicación de los movimientos sociales y (contra)culturales en los últimos veinte años, entre los que figuran: videastas zapatistas como Carlos Pérez y el Proyecto de video Chiapas; los videastas oaxaqueños de Arcano 14; el grupo Perfil Urbano de Ciudad Neza; Sergio García y Canal 6 de Julio de la ciudad de México; Bola 8 de Tijuana; Arte y comunicación social de la Ciudad de México; Proyecto Interredes, Centro de Medios Libres del D.F. Videastas y grupos que siguen produciendo videogramas de los movimientos indígenas, urbano populares, ecologistas, juveniles, musicales, indígenas, estéticos y campesinos, sin los cuales la sociedad mexicana no tendría la memoria de su pluralidad identitaria. En ese magma cultural realizamos submetropolitanos y un proyecto de creación aún vigente, y que como recientemente he declarado, puede escucharse y verse como un manifiesto generacional.

 

Submetropolitanos. Realización de Pablo Gaytán y Jesús Ángel Pérez. Cámara: Pablo Gaytán y Guadalupe Ochoa. Guión: Jesús Ángel Pérez.Producción: Colectivos Punks y UAM-Iztapalapa. Obtuvo la mención honorífica al mejor testimonio en la primera bienal de Video Mexicano en 1991.

 

 

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