Pablo Gaytán[1]

Las ferias y bienales de arte son lugares de peregrinación para adorar la mercancía fetiche del arte contemporáneo. Miles de artistas, curadores, gestores, publicistas, creativos, críticos y masas estudiantiles de las artes visuales se desplazan anualmente por las principales metrópolis del mundo para admirar las novedades en el arte contemporáneo y posicionar al alza las cifras digitales de alguna entidad financiera.

La empresa neoliberal del arte contemporáneo busca aquí y allá territorios para ocupar. En esta temporada llegó a la ciudad de México “Bosque de Chapultepec. Naturaleza y Cultura”, una denominación hecha de retórica burocrática por el sector cultura del país. La figura clave de este lanzamiento es Pabellón, cuyo significado primario es “tienda de campaña”, misma que remite a la teoría de vanguardia militar. Hoy, un equipo de artistas y arquitectos que portan la bandera conceptual del arte pretenden ocupar con sus Pabellones efímeros las casi ochocientas hectáreas de las cuatro secciones del Bosque de Chapultepec sin importar que éstas sean consideradas como Áreas de Valor Ambiental, necesarias para producir agua y aire en tiempos del calentamiento global.

El pabellón como contenedor de mercancías ha sido fundamental en el desarrollo de las ferias comerciales, exposiciones mundiales y particularmente en las ya tradicionales ferias y bienales de arte contemporáneo en el último medio siglo. El Pabellón ha sido la casa de campaña de la colonización cultural a través del arte contemporáneo mediante sus prácticas de intervención, remodelación, reconstrucción y reconversión de espacios privados y de espacios públicos. De esta manera, el pabellón logró coherentemente situarse como un medio de transformación estética dentro los procesos de urbanización neoliberal en el último medio siglo.

Visto así, el Pabellón Contemporáneo Mexicano esta concebido por la Secretaría de Cultura como un espacio de entretenimiento para la realización de Ferias y Bienales de Arte, tal y como lo plantea el OrozcoPark o “Proyecto Chapultepec. Naturaleza y Cultura”. Se habla de ocho pabellones que serán parte de un proyecto de intervención urbana “temporal” que privatizará el espacio público.

Podemos leer el proyecto de arte mercantil ubicando nombres e intenciones. El Pabellón Contemporáneo Mexicano que pretende ser asentado sobre el Jardín Botánico, además de ser un acto ecocida, es el ombligo-nodo sobre el cual girarán los circuitos de arte contemporáneo privado; desde los museos Soumaya y Jumex, así como la galería Kurimanzutto, la cual administra la obra de Gabriel Orozco (y sus amigos) y las galerías de Homero Fernández, quien actualmente es el administrador del Centro Cultural los Pinos/Complejo Cultural Chapultepec.

Este nodo ubicado en el espacio público será financiado con nuestras contribuciones hacendarias y de entrada plantea conflictos de interés con: el artista Gabriel Orozco, quien fue nombrado por decreto, coordinador de este proyecto; con Homero Fernández, quien encabeza el proyecto comercial ACME. Se tiene contemplando el “Cubo Acústico”, para ser instalado a un costado del Auditorio Nacional, una zona de música electrónica que convocará a fiestas masivas muy al estilo de las ferias internacionales de arte contemporáneo, el cual es innecesario, ya que existe el Centro de Cultura Digital, ubicado en la Estela de Luz, conocida coloquialmente como “La suavicrema”.

En la segunda sección del Bosque el Cartel de la Arquitectura y el Arte Contemporáneo (CAACO) tiene planeado instalar el “Pabellón de Exposiciones y Usos Múltiples”, que realmente no se conoce qué usos y qué funciones tendrá, pero se presume que en éste se realizarán Ferias del arte con sus respectivas rentas de espacios, haciendo usufructo de un bien público. Ahí se concentrarán públicos y consumidores, espectáculos masivos, congresos y demás actividades que traerán efectos perniciosos sobre el Área de Valor Ambiental.

El proyecto tiene incluye el PARCUR o Pabellón de las Culturas Urbanas en la Tercera Sección de Chapultepec, el cual tiene por objetivo domesticar las prácticas transgresoras de los artistas urbanos para convertirlas en espectáculos de entretenimiento y para la venta de tablas, ropa deportiva o pinturas en spray de compañías trasnacionales. Este espacio juvenil estará asentado sobre la única sección que tiene casi el cien por ciento de reserva ambiental. Reconvertir esa zona en un parque de entretenimiento y mercado de “las culturas juveniles” será de consecuencias depredadoras.

Y en la inexistente Cuarta Sección de Chapultepec estará el Pabellón-Bodega de Arte Nacional en donde se concentrará el patrimonio global de los museos del país. En aquella zona, entre otras cosas, las “innovadoras” funcionarias y arquitectas pretenden convertir la Ermita Vasco de Quiroga en un Pabellón Patrimonial que violará las normas reguladas por el INAH. En esta misma sección estará incluido el Pabellón Militar, donde quizá, se mostrarán las grandes batallas ganadas a los movimientos sociales y políticos por parte del Ejército Nacional en el último siglo.

Más allá del espíritu de centralización cultural, lo que muestra el proyecto de Pabellones del entretenimiento OrozcoPark, es la proyección de un Complejo Urbano al interior del bosque de Chapultepec para valorizar el mercado de arte contemporáneo, lo cual significa utilizar recursos públicos, el espacio público y el Área de Valor Ambiental, para fines privados de las comerciales “industrias creativas”.

Sí perfilamos la estrategia mercantil del arte y las intenciones de la empresa trasnacional del Arte Contemporáneo, salta a la vista que el “Proyecto Chapultepec. Naturaleza y Cultura” es para atraer consumidores mediante festivales que concluirán con un coctel amenizado por algún famoso DJ de talla internacional en el Cubo Acústico, lugar ideal para cerrar negocios artísticos. Como siempre pasa, la fiesta se extenderá hasta las áreas verdes del Bosque con los consabidos efectos ecológicos. Los estudiantes de artes visuales tendrán en el “Pabellón de Culturas Urbanas”, un espacio idóneo para pintarrajear y con ello saciar sus ganas de tomar las calles.

Entre congresos, exposiciones, ferias y consumo de mercancías fetiche, miles de usuarios y consumidores producirán tanta serotonina que sentirán que son parte del mercado global del arte en un ambiente egosférico (Sloterdijk, dixit). El proyecto será un parque temático depredador del medio ambiente en Chapultepec, edificado sobre los páramos de lo que antes fue un bosque productor y facilitador de producción de agua y aire de una ciudad moribunda por los efectos del calentamiento global.

No estamos en contra de la existencia de Ferias y Bienales dirigidas al público internacional siempre y cuando éstas ocupen los espacios privados como el Museo Soumaya o la Galería Kurimanzzuto y no los espacios públicos de nuestro entorno natural ni los recursos de los contribuyentes mexicanos. Es por ello nuestra oposición a este proyecto que pretende la privatización del Bosque de Chapultepec por un grupo de arquitectos y artistas adheridos a la empresa privada.

Los Pabellones del Proyecto Chapultepec en perspectiva expresan la ocupación privada del Espacio Público. Cuando la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México y la Secretaría de Cultura presentaron el “Proyecto Chapultepec. Naturaleza y Cultura”, deslizaron en su información la existencia del “Taller Chapultepec”. El taller es encabezado a control remoto desde la ciudad de Tokio por el artista conceptual Gabriel Orozco e integrado por las y los arquitectos Benjamín Romano, Rozana Montiel, Frida Escobedo, Mauricio Rocha, Guillermo González y Ernesto Alva del Colegio de Arquitectos de México, así como el abogado Gustavo Carbajal y el ensayista Luciano Concheiro.

Estos arquitectos son egresados de la Universidad Iberoamericana y cohesionados en su condición de ex becarios del FONCA en la década del noventa y los primeros años del presente siglo. En el Taller se encuentra el hijo de un subsecretario de estado y de un viejo arquitecto, quien anteriormente favoreció a Orozco para licitar su intervención en la Biblioteca Vasconcelos, durante el sexenio de Vicente Fox. Por su parte arquitecto Ernesto Alva no sólo es organizador de concursos de obras arquitectónicas en el sector público, sino además es integrante del Consejo de Especialistas que próximamente elegirá al primer o primera directora del Instituto de Planeación de la Ciudad de México.

Los arquitectos integrados al Taller Chapultepec han participado en obras de remodelación e intervenciones en museos como: El ECO, Mercado de San Pablo Oztotepec y Residencias múltiples. El Taller Chapultepec esta integrado por amigos del FONCA, por las relaciones familiares con la clase política y su participación en proyectos del pasado régimen neoliberal. Una de las curiosidades administrativas encontradas es que los y las arquitectas participantes ya les habían asignado obras por el solo hecho de estar afiliados a este Taller. Un caso concreto es el de Benjamín Romano a quien le fue asignado el diseño del llamado “Puente Flotante” que unirá la primera con la segunda sección sin ser necesario. Fue una licitación violatoria de la normatividad ambiental y de obras del arquitecto Ernesto Alva, quien viene organizando licitaciones y concursos estatales a lo largo de tres décadas en nuestro país y muy conocido del régimen neoliberal.

Los integrantes del Taller Chapultepec se han especializado en la construcción de Pabellones para bienales y espacios culturales. A este tipo de construcción, el arquitecto Rem Koolhaas lo define como “Espacio basura”[2], porque está dimensionado para portar marcas o signos comerciales que traen como consecuencia la desaparición de todo significado de arte con su consecuente desaparición de áreas de valor ambiental.

Los ocho pabellones pensados para el proyecto Chapultepec aparecen como un auténtico hoyo negro donde toda propuesta se trivializa y estimula la “reconversión” de la creación que venera el consumo, la manipulación y las franquicias. El urbanismo y las intervenciones caerán con todo su peso sobre el Bosque de Chapultepec de manera innecesaria, pues se debería optar por mejorar lo existente sin un intervencionismo “pabellesco”, que, en el fondo, pretende eliminar la capacidad crítica del arte y los derechos de la ciudadanía en nombre de un “goce” personal tolerado por un poder centralizado.

[1] Doctor en Ciencias Sociales, maestro en Estudios Urbanos y Sociólogo creactivista. Integrante del Frente Ciudadano en Defensa y Mejora del Bosque del Chapultepec.

[2] Koolhaas, Rem (2014). Acerca de la ciudad. Gustavo Gili. Barcelona. 1ª Edición.