De la planeación metropolitana a la planeación seminal

Pablo Gaytán Santiago

Diagnosis

En nuestra cotidiana experiencia urbana, nos encontramos con infraestructuras ineficientes y deterioradas, con contingentes de los mas diversos grupos sociales en proceso de desarraigo o desplazados aquí y allá debido a la implantación de proyectos inmobiliarios y obras públicas. Deterioro, Desarraigo y Desplazamiento se conjugan con el imposible sistema de movilidad, una seguridad ciudadana envuelta por las acciones concertadas de los grupos de negros intereses, un medio ambiente científicamente incontrolable, un  manejo de residuos gestionado entre los intereses privados y corporativos, y un bienestar económico-social precarizado, así como un estado de la vivienda social en franca mercantilización, violatoria de todo derecho humano. Detrás de la estética del progreso y el buen gobierno yacen la suma de las tres D –Deterioro+Desarraigo+Desplazamiento-, a pesar de la realidad mediático-oficial que pretende desmentir nuestra vivida experiencia urbanita.

Frente a estos innegables hechos el gobierno urbano en turno, nos informa que se propone solucionar todos los problemas señalados con la creación de nuevas instituciones y leyes que se responsabilicen del desarrollo urbano y por tanto de la llamada calidad de vida de los ciudadanos de la CDMX. Amparados en el espíritu de la nueva constitución de la ciudad, la cual penosamente es adornada por las fuerzas políticas con fallidas y reformadas leyes ah doc a los intereses del capital financiero e inmobiliario. Así, en estos días el congreso y el gobierno de la Ciudad de México silenciosamente estructuran, bajo un lenguaje sistémico y especializado la Ley de Planeación y el Instituto de Planeación y Prospectiva, que regirá el desarrollo urbano de la inacabable metrópoli.

Perspectiva del Gobierno de la Ciudad de México

Una primera aproximación a la Ley de Planeación propuesta por la actual jefa de gobierno, nos lleva por los caminos de la conceptualización especializada de urbanistas y arquitectos atrapados en el viejo paradigma fordista homogenizador de la metrópoli. Y aunque su visión se reclama innovadora, lo cierto es que los especialistas siguen abordando a la ciudad como un sistema aislado, en lugar de pensarla como un sistema abierto integrado al territorio-red metapolitano. Es decir, eluden mirar a la CDMX como parte de una red territorial integrada por los municipios y estados circunvecinos. Por ejemplo, los temas de la contaminación ambiental, la movilidad y el manejo de los residuos, forzosamente implica resolverlos con instrumentos, indicadores y políticas que rebasen las fronteras formales y jurídicas impuestas por la división territorial federal entre estados. La ley no enuncia ninguna propuesta para flexibilizar los obstáculos impuestos por la demarcación territorial estatal, que impiden realizar intervenciones en movilidad o económicas tanto a escala global como regional y local. Alentar la disolución de las fronteras inter-estatales implica conceptualizar a la ciudad como un sistema abierto en constante transformación y crecimiento, en ese sentido la metápolis debe considerase sin dichas fronteras formales y sí através de los umbrales elaborados por los habitantes que hacen y habitan a ésta. Desde la perspectiva de la eliminación del modelo centro- centralidad metropolitana-periferia para darle reconocimiento a las economías barriales.

La perspectiva metropolitana como sistema cerrado por parte de los asesores del actual gobierno de la CDMX no reconoce los otros centros existentes, sean estos comerciales, económicos, habitacionales o culturales, así como la vida misma de las localidades con toda su diversidad, al seguirlas considerando periferias. El más reciente ejemplo de esta visión se concreta en los planes de rescate urbano del gobierno de la ciudad que planean “se abran corredores para la construcción de inmuebles de tipo habitacional y así renovar algunas zonas que actualmente están olvidadas, pero que conserven el uso del suelo”[1], con una inversión privada para estos proyectos. Plan que en lo inmediato no solo reproduce el concepto de rescate y renovación implementado por los urbanistas neoliberales, además de no recurrir por lo menos a la idea de vivienda adecuada. Lo mas cuestionable de este plan es que se anuncie cuando apenas se discute la Ley de Planeación promocionada por el mismo gobierno de la ciudad.

Dicha visión se deriva, entre otras cosas, de la perspectiva de la economía a escala de la cual se reclaman los urbanistas científicos del gobierno de la CDMX. La economía promovida por estos configura en sus planes espacios especializados, no los que están por llegar, sino para unir los que de manera dispersa ya están. Es decir, sus planes se orientan al tejido, mediante infraestructuras de movilidad y comunicación, de centros ya existentes, como lo son Santa Fe, Polanco, Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, los ejes urbanos de oficinas y centros comerciales del periférico o sus expansiones hacía el sur y el oriente de la ciudad, así como las zonas blanqueadas de las colonias Roma e Hipódromo-Condesa, además de adicionar otras cabezas a la hidra inmobiliaria y de las industrias culturales con los corredores recién anunciados. La Ley de Planeación solo pretende actualizar y legitimar los procesos de la ciudad como sistema cerrado o como conexión de las distintas cabezas de la hidra inmobiliaria.

Este pensamiento de economía a gran escala estimula el crecimiento paradójicamente irracional de la misma. Asimismo promueve la permanencia de los equipamientos colectivos tradicionales, en donde por ejemplo, la renovación de un parque o una plaza en cualquier localidad de la ciudad la seguirá definiendo no el diagnóstico de sus usuarios y la comunidad de pertenencia, sino el criterio del departamento de adquisiciones del gobierno central y las alcaldías, orientado por la política de austeridad generalizada, ejercido de manera centralizada. En suma, la perspectiva es que permanece la ciudad sistema no solo cerrada sino además centralizada.

La propuesta de Ley de Planeación y las instituciones que operarán ésta, así como las leyes secundarias derivadas, entre estas la Ley de Ordenamiento Territorial, así como la participación de los habitantes de la ciudad, es obra de un grupo de científicos desapegados de la actual realidad de la ciudad vivida, la cual, no aparece por ningún lado en su proyecto. Además, rema a contracorriente de su propio espíritu de democracia participativa, ya que por ningún lado aparece, que dicha ley ha sido resultado de una diagnóstico colectivo, reduciendo la participación de los habitantes a una consulta convocada verticalmente por la comisión de planeación urbana del congreso de la ciudad de México, negando en la práctica la participación de la gran diversidad y multiplicidad cultural, económica, política y social de la Ciudad de México.  La propuesta de ley en ese sentido, suma una visión retrazada y políticamente interesada que excluye la participación directa de los ciudadanos, quienes sufrirán la aplicación de la misma.

Prospectiva

Más allá de estas primeras observaciones conceptuales, nos encontramos frente a la ausencia de un debate informado y frente a un gobierno de la ciudad y sus instituciones que pretenden aprobar la ley de planeación solo entre especialistas. Esta es una actitud totalmente anti-democrática y retrasada en relación con los tiempos en donde se convoca a la transformación. Y aunque ya en algún medio, se ha iniciado un debate limitado sobre la ley, éste se centra sobre cómo se nombrará al director o directora del instituto de planeación, los consejos de gobierno, y supervisión del instituto. Lo cual nos indica la prioridad gubernamental y de los especialistas, esta no es otra que la gobernabilidad y el control social en lugar de los contenidos de la ley, ya que al gobierno lo que le interesa es legitimar un proyecto de ciudad ya configurado y dejar a los especialistas la construcción de la ley y las leyes secundarias. Un ejemplo mas, de una política dual por parte del gobierno de la ciudad, es que mientras se discute soterradamente la ley multi-mencionada, el mismo gobierno anuncia un proyecto en marcha de “vivienda de interés social en el Centro Histórico, donde se tienen ubicados al menos 46 inmuebles catalogados…de alto riesgo”[2]. El proyecto se reduce a la remodelación de las viviendas existentes. ¿Y el debate sobre sí la política de vivienda debe ser asequible, adecuada o por cooperativa en donde queda, se ha olvidado para dar paso a una política de asociación pública-privada de interés social, que no tiene nada que ver con los mas recientes debates y necesidades de la población excluida no solo en la ciudad sino globalmente?

Unas acciones entre muchas por parte del gobierno de la ciudad de México. Junto al evidente proceso antidemocrático de aprobación de la ley, nos debería preocupar la visión binaria y digitalizada, hasta cierto punto demoscópica de la Ley, que llevará a  construir instrumentos de planeación, es decir el Plan General de Desarrollo, así como la formulación del Programa General de Ordenamiento Territorial, a partir de instrumentos de cuantificación y compresión de las necesidades diversas de la social y culturalmente compleja ciudad de México. Y aunque traten de convencernos de las bondades de que su enfoque es de los derechos adquiridos y progresivos, el desarrollo sustentable, los resultados y la participación, lo cierto es que en la práctica su metodología expulsa la experiencia y las necesidades de los urbanitas que habitamos y hacemos la ciudad. El modelo que pretenden poner en marcha expulsa la experiencia y la posibilidad de una planeación seminal que debe provenir de la capilaridad local y metapolitano del territorio que compone la ciudad de México.

Por una planeación seminal desde los territorios locales

Los especialistas al servicio del gobierno de la Ciudad de México siguen pensando que la ciudad es un ente aislado, ya que en su propuesta no encontramos por ningún lado la visión de una metrópoli que se hace en red, y en forma extensiva, que rompe con todo tipo de fronteras, lo cual convoca a planear en otra perspectiva y prospectiva. Una visión compleja, debería de plantear de inicio con la ruptura de las fronteras administrativas y municipales o de las alcaldías, las cuales operan de acuerdo a los intereses de las tribus partidistas de todo color. No se trata de un nuevo reparto ejidal de la ciudad entre neo-caciques urbanos.

Los especialistas piensan en una imposible estabilidad, la cual no existe en ningún terreno de la ciudad. Tendríamos en todo caso que pensar en procesos fluidos, en donde la realidad territorial no puede ser enmarcada en planes a veinte años, sino en la flexibilidad de la creatividad de los habitantes en el territorio urbano. El simple hecho de pretender hacer un plan a 20 años, ya es un desatino,  ante lo cual podemos preguntar, ¿ Quién puede asegurar que la ciudad será estable en los próximos años, y que las estrategias de los especialistas seguirán vigentes? Por lo tanto las normas, sí las leyes imperativas no son funcionales, mucho menos los planes venidos de arriba abajo. En suma,  la ley de planeación es un modo abstracto de pretender gestionar la ciudad y a los urbanitas.

Frente a ese reino de los especialistas que presumen el tururu del metrobús como una gran innovación, la alternativa urbanita de barrio puede ser elaborada de manera colectiva y experimental. Ya que quienes viven y construyen la ciudad, puede ser como lo indican infinidad de experiencias, que la planeación sea una planeación seminal. De semilla, desde donde se crean sistemas locales, configuraciones territoriales que dan sentido, formas-tipo de edificaciones, barrios abiertos, coproducción. Pautas constantes de análisis de la ciudad para generar herramientas sociales y tecnológicas sujetas a cambio.

Esto es válido si tomamos en cuenta que la célula fundamental de la ciudad metabolizada es el barrio, el cual en su aislamiento, habría que considerarlo como un lugar-espacio abierto, por sus arraigados habitantes. La suma de barrios, unidades habitacionales, colonias, pueblos originarios, diásporas migrantes de todo color, componen ese basto territorio urbanita. Así, el espacio público promueve actividades sincrónicas, lo cual quiere decir que sus habitantes lo hacen con su acción, entrecruces, usos, apropiaciones. El barrio privilegia el linde a la frontera y tiende a hacer porosas las relaciones entre las distintas partes de la ciudad. Un proceso configurado por la acción de los habitantes, por ejemplo, en donde están sus umbrales. Quiénes ingresan, cruzan, habitan, o huyen de cada uno de los barrios. Cada habitante o familia se enrolan por ejemplo en los sistemas de movilidad. Encuentran soluciones, negocian, hacen sistemas alternativos locales para resolver problemas locales de movilidad.

Marcan la ciudad, los barrios les dan configuración y sentido. Practican la planificación seminal, así edifican escuelas, mercados, parques, se desarrollan de forma independiente en toda la ciudad, lo que produce una imagen compleja del conjunto urbano. Se trata de barrios abiertos, microcosmos abiertos conectados rizomáticamente para dar lugar a la metápolis. A estos no les importa si están en el lindero de una alcaldía a un municipio del estado de México o del estado de Morelos. Simplemente se hacen con sus propias normas y negociaciones. Así, en la prospectiva no de la planeación de los especialistas sino de la ciudad vivida, se propone que ésta y la ciudad a construir por parte de los especialistas se acoplen sin fisuras, ya que el propósito es que la forma en que los urbanitas desean vivir debe expresarse en la manera en que se construyen las ciudades. De una manera inversa a como lo propone el gobierno de la Ciudad de México.

De tal manera, que la ciudad sea abierta con sus complejidades, produciendo, por así decir, una grama compleja de experiencias. El papel del planificador y el arquitecto debería consistir tanto en estimular la complejidad como en crear una ciudad interactiva, sinérgica, mayor que la suma de las partes y en cuyo interior los talleres urbanos de auto-creación orientaran a la gente. De lo que se trata es experimentar y expandir la experiencia colectiva desde el barrio, esa es una prospectiva de planeación seminal.

Aquí se propone que el planificador sea colectivo desde la localidad libre de fronteras que aspira a conectarse reguladamente con la metápolis, en donde el planificador colectivo cultiva el desarrollo socialmente necesario y ambientalmente sincronizado con los seres vivos, entre ellos, los urbanitas mismos. Aquí no hay Plan Maestro, ya que éste divide a la ciudad en un sistema cerrado en el que cada lugar y cada función se relaciona lógicamente en términos comerciales con otros lugares, también comerciales, lo cual,  una vez más, ignora la realidad singular de los barrios metapolitanos, en donde sus habitantes compiten por agua, mutan en el tiempo y mueren por contacto recíproco. En esa perspectiva, los urbanitas no crean modelos abstractos, ya que éstos exigen un sin fin de especificaciones que impiden la innovación y la funcionalidad colectiva local, es más, mejor transcurren por la variación, la improvisación y la creación, ya que de estas dependen la vida misma de la colectividad.

Síntesis

La planeación seminal-barrial es flexible y compleja que busca arraigo, identidad, prevalecencia que configuran multiperceptualmente al barrio mismo, para dar lugar a una ciudad abierta, la cual, y es una mera aspiración, estará marcada por un espacio público vivido, resultado de actividades sincrónicas, asimismo difuminará la frontera en el linde y tender a hacer porosas las relaciones entre distintas partes de la ciudad. Esta fluidez convergente y sincrónica del territorio provocará que los urbanitas desde su localidad co-diagnostique los usos, necesidades y deseos con profesionistas y especialistas para elaborar planificadamente los lugares de ubicación de los equipamientos colectivos y los lugares del desarrollo económico barrial, lo cual desarrollará una imagen compleja del conjunto urbano, una ciudad abierta, conectada a su metápolis, la cual puede crear las condiciones materiales para que los urbanitas enriquezcan su experiencia de vida colectiva. Nada mas y nada menos.


[1] https://www.jornada.com.mx/2019/06/29/capital/028n2cap

[2] https://www.jornada.com.mx/2019/06/28/capital/038n2cap