Pablo Gaytán[1]

El 11 de julio, los ciudadanos de la Ciudad de México se levantaron con la noticia de que la constructora Fredel Ingeniería y Arquitectura, SA de CV, había ganado la licitación para construir la “Calzada Flotante” que unirá el Complejo Cultural los Pinos con la segunda sección del Bosque de Chapultepec; un día antes y sin anunciar, el gobierno ya estaba desmantelando la Feria de Chapultepec. Estas dos acciones gubernamentales dan cuenta de la premura que tienen las autoridades para imponer la construcción faraónica del Complejo Cultural Chapultepec (CCCH).

El inicio de la obra pone en entredicho la retórica estatal “de la cultura del poder al poder de la cultura”, con la cual el gobierno federal justifica que el CCCH significa el inicio deun plan integral de recuperación de espacios públicos (como ejemplo) un programa de intervención ecológica, urbanística y cultural cuya finalidad es conectar las 800 hectáreas que abarcan las cuatro secciones del bosque para transformarlas en uno de los espacios de esparcimiento cultural e integración social más grandes del mundo, solo para el disfrute del pueblo de México”[2]. Un proyecto gestionado a control remoto por el artista contemporáneo Gabriel Orozco, de quien se dice, que él es el Director Responsable de esta Obra (DRO) que incumple las premisas, acciones y estrategias de participación colectiva del llamado Programa Sectorial de Cultura (PSC) del Gobierno Federal[3]. El CCCH es una obra demagógica, víctima de la propia retórica de la Secretaría Federal de Cultura.

La magna obra sexenal además de incumplir con su propio programa, también afectará el ecosistema del bosque; la memoria afectiva de los 15 millones de visitantes anuales provenientes de todos los rincones del país; y los derechos culturales de las colectividades vecinas, ciudadanas y de usuarios de esa infraestructura cultural que  abrió sus puertas al público tras inaugurarse el zoológico de Chapultepec en 1923.

A continuación, se exponen algunas razones por las cuales vecinos, ciudadanos y usuarios se oponen al proyecto Complejo Cultural Chapultepec:

  1. Desde el 29 de junio se solicitó información sobre el Plan Maestro del llamado “Complejo Cultural Chapultepec” a las distintas instituciones del gobierno Federal y local involucradas en el proyecto, quienes hasta el momento han prestado oídos sordos a esta demanda ciudadana de información. Con esta actitud incumplen con la “política de escucha permanente, de inclusión e involucramiento transparente de actores diversos”, como lo expone la Secretaría de Cultura en la introducción del PSC presentado el 3 de julio pasado. Por lo tanto, se reitera a la Secretaría de Cultura que muestre congruencia con sus principios planteados en el programa citado.
  1. Asimismo la Secretaría de Cultura, junto con el gobierno de la Ciudad de México a través de la Secretaría de Obras atentan contra el ejercicio de los derechos humanos y culturales de los ciudadanos y usuarios del Bosque de Chapultepec, pues de acuerdo con su propia definición: las licitaciones e inicio de la construcción del “Puente Flotante” no fortalece: “la participación de las personas en la vida cultural, en el reconocimiento y aprecio de sus patrimonios, en la creación y desarrollo de nuevas producciones culturales y artísticas, y en la recuperación afectiva del espacio público”. Muy al contrario, el inicio de las primeras obras, sin el sustento de un diagnóstico colectivo de necesidades y deseos de los 15 millones de usuarios anuales, indica que la participación ciudadana ha quedado silenciada. Los ciudadanos y usuarios no han sido tomados en cuenta y de esta manera se violenta a sí misma la política cultural de la Secretaría de Cultura. A lo anterior se suma la incumplida presentación del plan maestro que la Secretaría de Cultura había prometido el pasado 3 de julio, de lo cual se desprende el gran desprecio hacía los ciudadanos y usuarios por parte de esta institución.

En este mismo sentido podemos comprobar, hasta el momento, que la Secretaría de Cultura junto con las instancias locales involucradas son incongruentes con los ejes político-culturales que dicen promover, pues cuando se habla de la “recuperación afectiva del espacio público”, ésta no puede ser dado por un Responsable de Obra. Esta recuperación afectiva debiera hacerse mediante un mapeo de afectividades del espacio público del Bosque de Chapultepec; es decir, se debería ser diagnosticado cada uno de los espacios. Pongamos por ejemplo las zonas densas o en proceso de extinción de ahuehuetes, el jardín botánico, el lago, el Museo de Historia Natural, entre otros espacios afectivos y memoriosos. Es evidente que este diagnóstico y las preguntas pertinentes no se han hecho a ciudadanos y usuarios. Preguntamos en dónde está la opinión de especialistas en estudios antropológicos, botánicos y ecológicos sobre el espacio afectivo y de conocimiento natural del Jardín Botánico.

Corre la especie que existe el Taller Chapultepec donde, al decir del abogado Gustavo Carbajal, hasta el momento no existe ninguno de estos especialistas; asimismo, se desconoce la existencia de alguna convocatoria o encuesta para que el público dé su opinión. La ausencia de diagnóstico y escucha participativa para configurar un diagnostico sobre el “Bosque de nuestros deseos” no sólo es incongruente con la retórica del PSC, sino además contribuirá al ecocidio tanto cultural como ambiental del Bosque de Chapultepec.

  1. El inicio de licitaciones, obras y el “plan ejecutivo secreto” del CCCH incumplen con la premisa de la Redistribución de la riqueza cultural. En este punto del PSC indica que: “La diversidad de las expresiones culturales de México surge en cada rincón del país. Sin embargo, la política cultural ha estado concentrada en la Ciudad de México y en unas cuantas zonas urbanas. La centralización en la aplicación de planes, programas y recursos económicos ha generado una distribución inequitativa de los bienes y los servicios culturales, así como un desarrollo desigual de la infraestructura cultural en el territorio nacional”. Contrario al espíritu de esta retórica, la construcción del CCCH, es un proyecto centralista. Si actualmente el bosque se satura con los 15 millones de visitas; imaginemos los efectos que tendrá un proyecto de entretenimiento, con ferias internacionales del arte, bienales y concesiones comerciales. Millones de usuarios, no solo del país sino de otros muchas partes del mundo, estarán concentrados en un bosque moribundo que necesitará de cuidados intensivos cuando irremediablemente quede enterrado entre concreto verde. Una obra centralizada donde los 15 millones de ciudadanos y usuarios metropolitanos ya no encontrará un lugar de esparcimiento, convivio y relajación sino espacios de consumo en cada uno de los sub-proyectos e intervenciones espaciales que integran el proyecto de CCCH.

Será un proyecto centralizador más. En lugar de que los recursos financieros destinados al CCCH se redistribuyan hacia otras alcandías y otros puntos cardinales de la metrópoli donde el equipamiento cultural es nulo: museos y espacios de creación. Por ejemplo, en la alcaldía de Tlalpan existen elefantes blancos en desuso como la Casa Tlalpan que bien podría ser un parque recreativo para los pueblos originarios y colonias populares de esa zona o una universidad. Se trata de una casona enorme bajo el resguardo de la alcaldía, un lugar idóneo para un museo de arte de cualquier tendencia o para ferias o bienales de las distintas disciplinas artísticas. Solo se tendría que intervenir el espacio para dar un ejemplo de la redistribución de la riqueza cultural.  Aproximar los espacios a las zonas periféricas no significa un proyecto faraónico, dispendioso, ostentoso o competitivo como lo es CCCH que solo será  útil para la egoteca de arquitectos, artistas y funcionarios. Amén de garantizar el verdadero acceso de los habitantes excluidos del mundo del arte y la cultura, así como el ejercicio de sus derechos culturales.

  1. El proyecto del CCCH atenta con los compromisos adoptados por México en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, particularmente en la meta 4.7 del PSC, que a la letra afirma: «Garantizar que todos los estudiantes adquieran los conocimientos teóricos y prácticos necesarios para promover el desarrollo sostenible, en particular mediante la educación para el desarrollo sostenible y la adopción de estilos de vida sostenibles, los derechos humanos, la igualdad entre los géneros, la promoción de una cultura de paz y no violencia, la ciudadanía mundial y la valoración de la diversidad cultural y de la contribución de la cultura al desarrollo sostenible, entre otros medios».

Lo anterior se relaciona con la meta 11.4 del mismo programa que promete «Redoblar los esfuerzos para proteger y salvaguardar el patrimonio cultural y natural del mundo». Esta incongruencia es contundente, ya que los miles de estudiantes de educación básica, media y media superior que visitan el Bosque para el estudio de las distintas especies existentes en el Jardín Botánico acogidos bajo la sombra de los Ahuhuetes, ya no podrán hacerlo. En su lugar encontrarán un Pabellón de Arte Contemporáneo. Los ciudadanos vamos a presenciar un “ecocidio” atroz por los caprichos de una nueva política centralista y irrespetuosa de la naturaleza, así como de una política cultural que sustituye la cultura de la diversidad por la homogeneidad de las llamadas industrias culturales y creativas.

  1. En el punto 1.2.3. es indescriptible por el horror que provoca la estrategia prioritaria titulada Mejorar las condiciones de la infraestructura cultural pública y los espacios culturales, dotándolos de vida para promover los derechos en donde el gobierno federal promete “Impulsar, la construcción colectiva del espacio público, promoviendo la participación a partir de procesos culturales y de la planificación participativa”. Se habla de una estrategia prioritaria que no lo es, ya que no mejora las condiciones de infraestructura cultural pública ni de los espacios culturales ni los dota de vida para promover los derechos culturales. Hasta el momento es evidente la inexistencia de la citada planificación participativa donde ni el gobierno federal a través de la Secretaría de Cultura, ni el Gobierno de la Ciudad de México como tampoco el coordinador del proyecto de CCCH han sido consecuentes al respecto dado que está vetada la planificación participativa. Estamos frente a una decisión vertical, centralizada, unipersonal y antidemocrática que promete un ecocidio que afectará a la subsiguientes generaciones de la ciudad de México y sus alrededores.

Frente a esos hechos ominosos que atentan contra el significado cultural del Bosque y a todas luces contradictorios de la retórica de las políticas culturales oficiales, un grupo de ciudadanos, vecinos y usuarios del Bosque de Chapultepec nos oponemos tajantemente al multicitado proyecto CCCH.

Centramos nuestra lucha en los ejes de Ecología y Cultura. Realizaremos acciones para reforestar sabiamente, sanar árboles y eliminar fauna nociva, así como eliminar las invasiones al suelo del Bosque. Pugnamos por reestablecer el presupuesto operativo a museos; la rehabilitación de los cinco museos responsabilidad del Gobierno Federal; y desconcentrar cualquier iniciativa de nueva infraestructura cultural hacía las Alamedas y los bosques de Aragón y Tlalpan. Se trata de contribuir a la redistribución de la riqueza cultural y el ejercicio de los derechos culturales por parte de los grupos y colectividades socialmente diversos que habitan las periferias de la ciudad a fin de mejorar la infraestructura existente y llevar los grandes proyectos culturales a las puertas de quienes ha sido excluidos históricamente del pleno ejercicio de sus derechos culturales.

[1] Doctor en Ciencias Sociales, Maestro en Estudios Urbanos y Sociólogo creactivista.

[2]http://dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5596142&fecha=03/07/2020. De aquí en adelante, los entrecomillados refieren citas de este documento.

[3] Publicada el pasado 3 de julio en el DOF.