Por Antonio Nieto Cuevas
Diseñador de la comunicación Gráfica UAM-Xochimilco
Maestro en Artes y Diseño FAD UNAM

El héroe moderno, el individuo moderno que se atreva a escuchar la llamada y a buscar la mansión de esa presencia con quien ha de reconciliarse todo nuestro destino, no puede y no debe esperar a que su comunidad renuncie a su lastre de orgullo, de temores, de avaricia racionalizada y de malentendidos santificados.

Joseph Campbell1

Super Muñeco

Octavio Paz2 en su ensayo El laberinto de la Soledad expresa que el mexicano considera la vida como lucha y “la doble influencia indígena y española se conjuga en nuestra predilección por la ceremonia,  las fórmulas y el orden”. El luchador no se abre, no se raja; el mal y el bien se mezclan sutilmente en su alma y libera su ser en una explosión de espontaneidad expresada por llaves, lances, maniobras, silbidos, gritos y abucheos. Su cuerpo le da gravedad y límites a su ser, a través de la agilidad de su espíritu y el movimiento trasciende su fisiología y ante la adversidad se muestra invulnerable, impasible y estoico.

La lucha libre es un juego trágico en el que el artista del encordado arriesga parte de su ser y ante la derrota no sólo puede perder la simpatía del público sino también el cinturón, la cabellera y, lo más valioso, la máscara, artilugio mágico que le da carácter y significación simbólica a su función como chamán. El festejo de la lucha libre es una  ceremonia en la que se dividen las líneas de comunicación entre lo consciente e inconsciente donde lo colectivo adquiere significado individual a través de subjetividades anónimas que se ocultan tras la máscara y alimentan nuestra imaginación y nuestras emociones.

Xavier Villaurrutia3 nos dice que la máscara principia por agrandar el rostro, al ocultarlo, “duplicando el valor de sus rasgos con la intención de dotarlos con mayor fuerza e imperio”. Al portar una máscara el luchador se destina al rito en pos de su misión artística adquiriendo una justa significación estética en su labor como gladiador, se entrega fielmente a su personaje y lo encarna plenamente sin ser un simulador ya que en su cuerpo se inscriben las huellas de sus hazañas porque en cada batalla arriesga su vida, su integridad física y su prestigio.

Fray Tormenta y Fernando López

La carpeta gráfica “A ras de lona, de dos a tres caídas” es resultado del trabajo de diversos artistas plásticos que buscan rendir homenaje a los atletas del pancracio que forman parte de la cultura popular mexicana. “A ras de lona” es un proyecto artístico coordinado por Fernando López Enríquez de Carpa Central y reúne grabados de diversos artistas creando un caleidoscopio de máscaras y luchadores en el que cada creador retrata a un personaje significativo de la lucha libre mexicana para deleite del respetable público. Esperamos artistas, público y aficionados disfruten este proyecto artístico dedicado a los héroes del ring que forman parte espejo de la mexicanidad donde ocultamos nuestros rostros detrás de muecas, carcajadas, risas, gritos, gestos, trazos, colores y formas, máscaras y cabelleras.

A ras de lona, segunda caída
  1. Campbell, Joseph, El héroe de las mil caras Psicoanálisis del mito, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires
  2. Paz, Octavio,  El laberinto de la soledad, Postdata, Vuelta a El laberinto de la soledad, Fondo de Cultura Económica, México, 2019
  3. Villaurrutia, Xavier. Estética de la máscara, Luna Córnea número 27, Lucha Libre. CONACULTA, México,D.F., 2004