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Pablo Gaytán Santiago

En mi anterior artículo “Cdmx: la reforma para el establecimiento inmobiliario”, afirmé que la integración de la asamblea constituyente legitimaría los intereses del cartel inmobiliario. A la vuelta de los días la información difundida tanto por las fuentes del gobierno de la Ciudad de México como de los partidos que integran el sistema político oficial confirman mi postura: la construcción del deprimido Mixcoac para favorecer la movilidad de la Torre Mitikah continua depredando el ambiente; el dinero recaudado por las empresas de parquímetros desaparece en las cajas negras de la Autoridad del Espacio Público; en las colonias Hipódromo y Condesa las calles, las plazas, los parques y todo espacio público sigue siendo concesionado bajo la mirada cómplice del delegado y el departamento jurídico de la delegación Cuahutémoc, los planes para la construcción del CETRAM Chapultepec siguen silenciosamente, el tren suburbano Observatorio-Lerma-Toluca esta vigente. En suma, el dominio depredador de las inmobiliarias y las constructoras demuestra toda su fuerza, dibujando paisajes de una feroz guerra contra comunidades urbanas e indígenas.

Mientras tanto de manera sincronizada, en las oficinas partidistas de todo color, los redactores de la primera constitución de la Ciudad de México, entre los que se encuentran representantes de las inmobiliarias, incluyen conceptos, reglas, figuras jurídicas congruentes al desarrollo del mercado, disfrazando con ello una zona gris desmovilizadora con un supuesto ejercicio democrático en donde solo participan algunos elegidos de las bases partidistas. Curiosamente a este ejercicio no han sido convocados los futuros ciudadanos CdMx. Es entonces un ejercicio burocrático.

Esta expropiación partidista de la política como estamos observando es gestionada como si fuera un emprendimiento democrático. Lo cual significa que quienes participan en dicho ejercicio deben asumir disciplinadamente su rol; así, los redactores partidistas, incluidos aquellos que dicen tener buenas intenciones, saben que su trabajo es solo recortar y pegar ideas, las cuales serán tamizadas y adecuadas al lenguaje jurídico por los juristas para orientarlas a favor de los intereses del capital y la clase gobernante, es decir de las inmobiliarias, la industria del turismo, las industrias culturales, las telecomunicaciones y un largo etcétera que configura a su majestad el mercado. No nos extrañe que en septiembre del año en curso los notables y los constitucionalistas “electos” voten una carta magna, incluso desconocida por sus redactores.

Así los calls centers constitucionalistas funcionan a todo vapor, con todo y sus trolls, bots y animadores en las redes sociales, mientras tanto, los verdaderos electores prosiguen sus negocios inmobiliarios y electorales. Saben que deben hacer política, por esa razón, convocan a foros, mesas redondas, conferencias de prensa, mesas de acuerdos con el propósito de consensar su constitución. Por un lado, han logrado infiltrar a sus representantes en las listas de elegibles para la Asamblea Constituyente, así en las elecciones del 5 de junio, el elector acarreado por el partido de su preferencia votará a ciegas por inmobiliarios, entre los que se encuentran Elvira Daniel Kabazz, dueña de la inmobiliaria Danhos, favorecida en lo largo de quince años por los gobiernos perredistas y panistas, y ahora por el gobierno morenista de la delegaciones Cuahutémoc y Tlalpan; también algún desplazado desinformado votará por Moisés Araf, el propietario de Ideurban, responsable de la Torre Mitikah, ubicada en la colonia Xoco; y por Daniel Azar, “asesor” en turismo de Ricardo Monreal. Pero estos no estarán en las listas del PRI o el PAN, sino de MORENA. Y ¿Los desplazados, afectados y ofendidos por las inmobiliarias y las constructoras en los últimos quince años en la ciudad sabrán qué votarán por sus victimarios? Es como sí un tumulto de electores votaran por el dueño de HIGA, presentado como opción de izquierda para Senador de la República. Los inmobiliarios y constructores no solo están despojando el suelo urbano a los habitantes de la ciudad sino también la política y las instituciones del Estado.

Por otro lado, los asambleístas y los dirigentes de los partidos en el gobierno de la Ciudad –PRD-MORENA-PAN-, en una lógica de cogobierno inmobiliario a través de foros cerrados, mesas de debate en donde se excluye cualquier asomo de pluralidad y crítica, o encuentros académicos militantes pretenden lavarles la cara a quienes consideran sus conciudadanos, mediante juegos de ilusionismo político o política ficción; con dramatizaciones en foros a puerta cerrada, en donde la actitud de políticos y activistas encubiertos en los movimiento sociourbanos es la de mansos corderos y con dramatizaciones mediáticas, en donde los mansos corderos se vuelven bravos lobos para convencer al respetable público que la actitud de la izquierda es insumisa. Doble juego de ilusiones, juego esquizomediático de la militancia partidista de izquierda que se une incondicionalmente a la clase gobernante con tal de conducir el primer gobierno del estado número treinta y dos.

Dando lugar así, de un lado, al espectáculo de la política de la ilusión dirigida a quiénes siguen creyendo en alguno de esos partidos, y del otro, al déficit democrática o desmotivación de la política por parte de los ciudadanos. La política queda en manos de la burocracia partidista y los intereses privados, sin la molesta presencia de los ciudadanos.

Esta cultura política neoliberal, posesiva y narcisista pretende “hacer historia” desde la política del mercado, trae como consecuencia el “déficit” democrático, lo cual significa que la democracia partidista se ha vuelto irrelevante para la vida colectiva de los ciudadanos, ya que de parte de éstos no hay en absoluto ningún interés por participar en los procesos de las elecciones de la asamblea constituyente, consecuencia también de la política desinformativa promovida por todos los partidos, así como el secretismo con el cual han elegido a sus candidatos para la asamblea.

Este es un tema de particular importancia, ya que el sistema camaleónico de la clase política pretende obtener legitimidad y consenso a partir de las votaciones que se celebrarán el próximo 5 de junio, en donde seguramente triunfara el abstencionismo. Hasta el momento la ciudadanía desmotivada no sabe quienes son los candidatos de los distintos partidos por los que votará, esto en sí ya es un elemento desalentador, ya que nunca sabrán bajo qué criterios fueron elegidos los candidatos que aparecerán bajo el logo de alguna de las franquicias partidistas. Así, las familias desplazadas por las inmobiliarias en Xoco, Roma, Doctores, Condesa y Juárez (en ésta, tenemos que en año y medio, las inmobiliarias han desplazado a más del 15% de su población. Fuente: 06600 Plataforma Vecinal y Observatorio de la colonia Juárez); el pequeño comerciante aplastado por las tiendas de conveniencia OXXO; el vecino afectado por la construcción de megaproyectos, segundos pisos o edificación de Wall Marts, el trabajador precario de Sambors o los calls centers, y un sinfín de damnificados por las empresas neoliberales que depredan el hábitat, y violan los mas elementales derechos laborales de la ciudadanía, no saben el perfil de quienes están enlistados para “hacer historia”. Desinformación y desmotivación cierran el circulo virtuoso de la expropiación de la política en la ciudad.

mapa desplazamientos juarez

Frente a esas evidencias, sea por interés –una plaza, un salario, una beca, una consultoría – o por entusiasmo –un familiar o un amigo gestionará presupuestos oficiales- entre la llamada sociedad civil y los movimientos socio-urbanos algunos todavía juegan con las reglas del juego del mercado político, sus intereses individuales no les permite ver que la actual situación en realidad es de guerra. ¿O cómo podemos llamar a los desalojos violentos de la vivienda, a las tácticas de miedo sembradas por las inmobiliarias, al desplazamiento de cientos de familias, a la violenta ocupación del espacio público, al juego sucio y desalentador de la clase política? Los ciudadanos autónomos deben pensar por sí mismos y ya no demandar la opinión de los mismos constructores de verdades de siempre, ya que su papel es precisamente atizar el déficit motivacional.

Por esas razones en lugar de jugar al modelo electoral, una franca zona gris desmovilizadora, los ciudadanos autónomos deberían elaborar la indignación, y concretar sus ideas en obras territoriales. Lo cual quiere decir transitar de la desilusión política a la transformación en el espacio cotidiano; desde la calle, el parque, la avenida, el territorio local. Este distanciamiento intersticial frente al estado, implica considerar a los funcionarios y a la burocracia política como lo que son; nuestros empleados, y el tono y la forma de dirigirnos a ellos debería ser así. Pero este es un solo ejemplo de cómo debemos construir ciudadanía desde abajo, una ciudadanía que no sea individualista sino colectiva y autónoma. Así, una democracia autónoma sería dada por la actuación de alianzas cooperativas, de grupos de convivencia y de afinidad que, desde la sociedad, deformen materialmente el poder del estado que amenaza con saturarlos. Algunos pensamos que el actual contexto de movilizaciones territoriales nos brinda esa posibilidad; tejer vasos comunicantes entre los grupos movilizados, coordinar acciones colectivas, construir un discurso ciudadano autónomo capaz de diferenciarse de los discursos de la ilusión, la desmotivación y particularmente del discurso de los militantes partidistas encubiertos. Nuestra imaginación está allí en la plaza pública tejiendo aquí y ahora la ciudad deseada.

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