Andrés de Luna

En “La profanación del arte” de Roger Kimball se lee que: “La experiencia del arte, como la de muchas cosas humanas, es esencialmente un experiencia de las superficies, de lo que se presenta a la vista. Tratándose de tales realidades, el esfuerzo de mirar detrás de la superficie frecuentemente no proporciona una mayor profundidad, sino una distorsión”. (p.177) ¿Qué podría decirse de estas obras y de los artistas que las han hecho? Deben verse las imágenes que, con calidad indudable, han representado a los guerreros del cuadrilátero.

Pocas son en las que los combatientes están enfrentados en el ring. Una de ellas es la de Reynaldo Velázquez, gran escultor mexicano, quien ha concebido una de las llaves maestras de ese espectáculo de clamor popular: “La Tapatía”. Otra es “Súper Porrazo”, una aguatinta de Javier Lara, otra más es la Alec Dempster. Eso es excepcional. Los maestros que forman parte de esta exposición trabajaron sobre el concepto del hombre al que se rinden las multitudes populares.

Entre las figuras que capturan estas gráficas elaboradas en linóleo, serigrafía, xilografía, siligrafía y aguatinta son, las que más se repiten, las figuras del luchador gay Cassandro, la del cura Fray Tormenta, Tinieblas, entre otros.

¿Qué dicen los artistas frente al tema sugerido? Establecen lo que es, sin buscar más elementos, sus imágenes tienen las contundencia de lo elaborado con el ánimo juguetón de ubicar aspectos de la lucha libre. Sin buscar simbolismos ajenos al fenómeno mismo de un tema cotidiano que les toca de una manera o de otra. Sus gráficas son magníficas en blanco y negro o con el uso de los colores, plasman esas sensaciones que están dentro del cuadrilátero o que salen de ahí para instalarse en el sentir de unos espectadores ávidos de las emociones de ver los combates entre dos gladiadores, que si viven una ficción con el encuentro o si es real, eso se sabrá más adelante o se guardará el secreto para siempre. El hecho es que ellos están para combatir y eso le da cierta épica al asunto.

Los artistas invitados al festín sintieron que eran parte de esa fiesta colectiva que transcurre en medio de chiflidos y aplausos. Por ello encontrarse con la labor de algunos extranjeros como los ecuatorianos Xavier León y Benjamín Viteri, o del español Alejandro Rodríguez León, o del cubano Rolando Vázquez es continuar con ese espectáculo que atrapan los gráficos al emocionarse con la lucha y sus artífices. Tambien de México aparecen personajes tan connotados al estilo de Martha Flores o Eduardo Juárez o Flor Minor, esto sin descontar la participación de los talleres de Zacatecas, Chiapas, Guerrero, Guanajuato y Oaxaca, todos ellos, diferentes en sus propuestas, conservan una indudable calidad que de inmediato muestra el quehacer que hay en estas imágenes, por ello una exposición de esta naturaleza debe considerarse como un triunfo conseguido por el artista y participante en la muestra Fernando López Enríquez.

Vaya pues una felicitación enorme a este joven creador que ha convocado a estos gráficos nacionales e internacionales para que nos deleiten con sus obras, donde la imaginación es el principal atributo con la que cuentan todas y cada una de las propuestas.