Sociólogo

Bruno Díaz de León Ramírez

Director de LACCIR A.C. (Laboratorio de creaciones circenses A.C.)

El circo es una práctica humana milenaria, llena de símbolos y códigos, ha tenido tantos cambios y significados a lo largo de la historia de la humanidad cómo cualquiera de las artes en general, es sin duda, no una sino muchas historias qué merecen ser contadas.

Comencemos historiando sobre el circo tradicional. El circo tradicional es una categoría creada en la época del circo moderno, es decir, antes del circo moderno las prácticas rituales no llevaban la categoría de “circo”, fue hasta el siglo XVIII que se hizo una separación entre las prácticas rituales de orden mágico-espiritual respecto a las nuevas prácticas acrobáticas con animales, también llamadas “circo”, definidas así por sus propios actores.

Hay evidencias que documentan al circo cómo una práctica artística y humana milenaria, podemos encontrar registro histórico de la práctica de disciplinas circenses en la cultura egipcia, china y por supuesto en las culturas mesoamericanas.

En la cultura china, por su parte, las artes circenses eran usadas como herramientas con fines diplomáticos por diversas dinastías, desde hace 2,000 años los emperadores ofrecían divertimentos acrobáticos a los emisarios occidentales. (Rodríguez Bernal 2019, 3)

Si volteamos la mirada hacia nuestras latitudes, podemos observar algunas prácticas rituales que están ligadas a las prácticas circenses: danzantes, antipodistas, contorsionistas, funambulistas, maromeros, etcétera, todos estos actores son parte de la historia del circo en la cultura mexicana, cómo lo señala el maestro Rebolledo.

Nuestros ancestros en la etapa precortesiana fueron excelentes acróbatas y malabaristas, también desarrollaron exhibiciones de gimnasia aérea. Dejaron vestigios importantes de figuras e imágenes que hoy asociamos con el circo, cómo la estatuilla de “El acróbata” olmeca del preclásico medio, 800 años A.C, o equilibristas

de manos en los murales de Bonampak. (De María y Campos 1999, 1223-1225)

El acróbata olmeca Preclásico medio, 800 A.C.

Existieron hombres y mujeres qué saltaban en zancos en San Pedro Zaachila, Oaxaca (la danza de los mosquitos), existieron también acróbatas en Tixtla, Guerrero, y de la mixteca baja de Puebla, o los zanqueros de la cultura maya, por mencionar algunos ejemplos. (De María y Campos 1999, 1223-1225)

Danza de los zancudos, Zaachila, Oaxaca, México.

Un grupo de antipodistas (xocuahpatollin) y acróbatas (matlanchines), fueron parte de los tesoros que Hernán Cortés llevó a Europa y presentó al emperador Carlos V de España y 1 de Alemania, así como ante el papa Clemente VII, a estas exhibiciones podemos considerarlas como las primeras ejecuciones de habilidad y destreza exportadas por nuestro país. (De María y Campos 1999, 1223-1225)

Circo moderno.

El surgimiento del circo moderno europeo podemos rastrearlo hacia el siglo XVIII, con la llegada de un personaje importante para la historia del circo: Philip Astley. El circo dió un giro de 360 grados, la carpa de circo y la pista qué conocemos hoy día fue creado en esta época, los números acrobáticos ecuestres fueron el origen de lo que hoy conocemos cómo “circo”.

El concepto de “circo moderno” surgió en Inglaterra cuando Philip Astley, un sargento mayor de caballería procedente del regimiento de dragones de su majestad, estableció en 1768 un picadero para enseñar a montar a algunos aristócratas, en un terreno cercano a Westminster Bridge en Londres.

Philip Astley, El primer circo, 1768, Inglaterra.

El circo tal y como lo conocemos, un espacio circular que abriga una serie específica de disciplinas artísticas es un concepto totalmente europeo surgido ya avanzado el siglo XVIII y reproduciéndose por todo el planeta con mayor o menos calidad. (Rebolledo 2001, 15).

Este es el momento de la aparición histórica del concepto de “circo”, per sé devino en nuevas corporalidades, estéticas, formas de hacer y pensar el circo. A partir de este momento y hasta la fecha el circo es una práctica itinerante y desterritorializada.

Avancemos en esta fascinante narrativa; hemos llegado al siglo XX en México, la llegada del circo fue oportuna, se dio durante la etapa conocida como el “Porfiriato”, durante y después del proceso revolucionario, el “circo” se hizo presente. La apertura comercial y la llegada del ferrocarril, símbolo de la época, permitió qué llegaran las primeras familias a México. Así fue cómo llegaron los primeros circos europeos.

En esta época se comenzaron a formar y consolidar las primeras familias mexicanas de circo, es importante recalcar que en México cuando se habla de circo tradicional, se está hablando de circo tardío moderno y cuando se habla de circo moderno se está haciendo referencia al circo contemporáneo. Cabe aclarar que esta proposición es válida si hacemos una comparativa histórica global.

Pequeñas compañías habían surgido por toda América latina, pero será hasta 1841 que surge el circo olímpico de José Soledad Aycardo, qué era ecuestre, payaso, titiritero, acróbata, pero sobre todo recitador de versos. Artista pintoresco que llenó con entusiasmo la vida de los espectáculos de México durante más de veinticinco años, a José Aycardo lo debemos considerar como el primer empresario circense mexicano, dado que incluyó ejercicios acrobáticos sobre el caballo. (Rebolledo 2018,1).

En 1853 en el patío de maroma del Paseo de la Retama, emerge la figura de José Miguel Suárez, fundador de una familia mexicana que se distinguió por su trabajo en la acrobacia ecuestre, y que cumple este año 165 años de permanencia constante en la vida circense de América Latina. Actualmente el circo de los hermanos Suárez se encuentra trabajando en las islas del caribe. (Rebolledo 2018, 1)

Circo de los Hnos.Suárez, 1853, México.

Al fragor de la lucha revolucionaria surgió el “Circo Teatro Carnaval Beas Modelo”, propiedad de Francisco Beas, para edificar su empresa contó con el apoyo económico de Francisco Villa, declarado amante del circo, especialmente de los actos ecuestres.

En pleno siglo XX fueron incontables las familias mexicanas que se involucraron en el arte circense y muchas llevan cuatro o cinco generaciones: Campa, Murillo, Cárdenas, Del Castillo, Fernandí, Rodogel, Padilla, González, Portugal, Aguilar, Ayala, Alegría, Rodríguez, Macías, Osorio, Medina, Márquez, Ortiz, Belis, España, Caballero, entre muchas otras. (Rebolledo 2001, 1)

En el orden de las ideas es importante reconocer que muchas familias circenses mexicanas cuando llegaban a los pueblos y comunidades para presentar su espectáculo formaban en la informalidad a algunos actores locales, qué a veces, eran integrados al espectáculo, con esto quiero decir qué el circo siempre ha sido social.  Así comienza su historia a partir de este momento, sin base sólidas, sin currícula, ni alimentado de las ciencias sociales, pero si, de manera experiencial y totalmente empírica.

El primer registro qué tenemos de experiencias de circo social, en el entendido qué ya constituía una herramienta para trabajar con poblaciones “vulneradas” lo podemos ubicar en 1917 en Rusia, Antón Makarenko, destacado pedagogo y revolucionario, utilizó la herramienta del teatro en las casas cooperativas para niños y niñas desamparados, este sería entonces el primer esfuerzo para utilizar el arte social, con algunos elementos de las artes escénicas. Es un claro ejemplo de la utilización del arte social para la reconstrucción del tejido social.

Me parece de mayor relevancia destacar el eje rector de los siguientes tres elementos: arte social, educación libertaria y circo social, su origen se encuentra al centro de mis análisis en este y anteriores escritos.

Este esquema es un precedente socio- histórico para el análisis de la educación libertaria, el arte social y el circo cómo herramienta de transformación social, nos dará luz para los siguientes análisis sociológicos, antropológicos, estéticos, psicológicos, etcétera, sobre estos tres grandes temas.

No podríamos entender entonces el origen del circo social, sin entender que está enmarcado en el origen del arte social, el cual también se encuadra en los inicios de la educación libertaria.

Circo contemporáneo o circo actual.

Los primeros registros de experiencias en circo social se observan a comienzos de la década de los 60´s del siglo XX, por medio del proyecto del sacerdote Jesús Silva, quien creó una colonia y un circo para jóvenes vulnerables en España, llamada “La ciudad de los muchachos” y el circo de los muchachos, donde los valores eran inculcados a través de técnicas de circo, modelo que fue replicado en diversas partes del mundo. Sin embargo, esta herramienta de intervención innovadora ha sido poco documentada. (Rodríguez Bernal 2019, 4).

Circo los muchachos, 1960, España.

Si ponemos atención a la historia del circo contemporáneo podemos dar cuenta sobre los cambios y transformaciones que ha vivido, en primer lugar, vale la pena mencionar que el circo está viviendo un proceso de “individualización” e “híper- individualización”, ahora las compañías son formadas por artistas urbanos o rurales que no necesariamente pertenecen a las familias de circo, y que ejercen su profesión de manera individual o en pequeñas compañías de circo trashumantes. El circo contemporáneo no sería el mismo sin la práctica del circo social.

Así es como hemos llegado a la parte más importante de esta entrega, hemos llegado al origen del circo social.

El circo social surge como una herramienta política, educativa y social del siglo XX y atraviesa la historia del circo tardío moderno y el circo contemporáneo o “circo actual”.

El circo social nace como una práctica que camina de la mano de las ciencias sociales, es una herramienta que permite intervenir en territorios específicos con poblaciones específicas para detonar procesos participativos e incidir de forma concreta mediante las disciplinas circenses en territorios específicos con condiciones particulares.

El circo social no es único y no tiene un fin en específico; afortunadamente, es una herramienta de intervención, con una gran cantidad de posibilidades a desarrollar, dependiendo de las necesidades contextuales, por ahora podemos ubicar las siguientes tipificaciones del circo social:

  1. circo promocional o preventivo
  2. circo recreativo
  3. circo comunitario
  4. circo terapéutico
  5. circo empresarial

El circo social debe ser entendido como un proceso de enseñanza-aprendizaje entre educandos y educadores a través de las técnicas circenses, favorece la integración de los grupos y permite el desarrollo seguro de las comunidades, ya sean comunidades escolares, familiares, laborales, etcétera Es una propuesta pedagógica que permite mejorar y desarrollar valores cómo la cooperación, solidaridad, esfuerzo, resiliencia, comunicación, permite trabajar autoestima, confianza, auto representación, etcétera.

El circo social tiene un potencial incalculable, es el eje rector de por lo menos 200 organizaciones y colectivos a nivel internacional.

Por ahora dejó algunas preguntas para lxs lectores ¿Para qué está sirviendo el circo social? ¿Qué otras tipifaciones del circo social existen? ¿Será necesaria la creación de sinergias y redes de circo social latinoamericano? ¿Qué otras realidades no se han visibilizado desde el circo social? ¿Podrá el circo ser una empresa social sostenible? ¿Será el circo social una marca registrada o un bien público?

Bibliografía

  1. Francisco Rodríguez Bernal, 2019. Historia del circo social, Colaboración para ensayo: El circo social, más allá de una experiencia estética, México. Revista digital Culturas metropolitanas + 40.
  2. de María y Campos1999, Veintiún años de crónica teatral en México, Vol. 1, segunda parte, México, Conaculta.
  3. Julio Rebolledo, 2001, El circo en la cultura mexicana, Voces y trazos de Morelos, México.
  4. Julio Rebolledo, 2018, 250 años del circo moderno en América latina, Revista Saberes de circo, Chile.
  5. Alcántara Alcántara Antonio, 2012, El formador del Circo social, en http://quadernsanimacio.net,n°16,ISSN:1698-4404.