Gerardo Hernández Chávez[1]

A través de la plataforma digital Netflix se transmite  una de las series contemporáneas que marcan el imaginario social y cultural de las generaciones posteriores a la década del ochenta. The End Of The F***ing World (2017), serie producida en Londres por Channel 4 cuya base argumentativa se desprende de la novela gráfica homónima creada por Charles Forsman (2013).

La trama se desarrolla en torno a dos jóvenes: James (Alex Lawther), muchacho que experimentó desde sus primeros años de vida y existencia el placer que genera asesinar o bien mutilar animales; único testigo en el suicidio de su madre al conducir su automóvil directo al lago que visitaban; causas probables que sus emociones estén en grado cero, así como la brecha comunicacional que existe con su papá Phil (Steve Oram), degustador de comida chatarra. Por otra parte, Alyssa (Jessica Barden),  chica que vive a la espera de ver nuevamente a su padre debido a que en cada cumpleaños llegan a sus manos postales con felicitaciones estandarizadas escritas por las industrias de la economía afectiva; su mamá Gwen (Christine Bottomley), vive en la construcción idealista que proyecta su novio Tony ( Navin Chowdrhry), debido al  estatus social a  nivel económico ( clase media alta), político ( la relación de poder frente al otro al ser el representante en lo público de la familia con otros grupos sociales); ambos elementos se condensan en la representación arquitectónica-urbana del espacio que cohabitan en zonas residenciales; asimismo Tony mediante mensajes o acciones indirectas en espacios privados acosa a Alyssa sim importar la presencia de Gwen.

Ambos personajes se encuentran el cafetería del colegio, con un diálogo escueto se saludan, Alyssa menciona verlo en patineta, mentira so pretexto  para  postular su interés por él, posteriormente James espera al final del día verla para simular su atracción sentimental y sexual con la excusa para matarla con el objetivo por conocer el placer de matar a otra persona.

Es en los primeros diez minutos de  la serie donde se describe el perfil de todos los personajes y  sus problemas psicosociales de James e Alyssa; la solución a optar por ambas partes es escapar de la ciudad a través del carro de Phil, sin rumbo o plan previamente establecido.

En este punto, la trama se produce a como una road movie, con secuencias por carretera en planos americanos excesivamente extensos, con el uso de la fotografía los escenarios evocan paisajes urbanos vacíos de la confluencia social con calles bajo amaneceres y atardeceres grises, con apoyo de  la selección musical (Soul, Northern Soul, Punk) se potencializa un efecto al espectador de nostalgia por décadas pasadas.

Con base en estos elementos de producción, la trama se desarrolla en dos aristas: en lo individual, los protagonistas mediante voces superpuestas analizan los conflictos internos que limitan la capacidad para comunicarse con el exterior, en cambio se imponen actitudes idealistas para justificar sus acciones (autocompasión, explosividad de emociones, soledad); en lo social, tiene sus consecuencias en posteriores capítulos, donde encuentran la residencia vacía del profesor Clive Koch (Jonathan Aris), personaje con reconocimientos académicos, practicante de violaciones a alumnas para después ser grabadas, es descubierto de manera accidental por James. Clive llega de noche a su residencia, llega a su habitación con Alyssa acostada en su cama, Clive la despierta, pide calma ante el asombro por su presencia bajo caricias sobre su piel, frente al temor del encuentro Alyssa comienza a llorar, James, quien se oculta de bajo de la cama, emplea su navaja para atacar al profesor Clive, en dicha secuencia la sangre brota por todo el cuerpo de la protagonista, Clive cae sobre el suelo con el cuello bañado en sangre. James cumple su deseo de asesinar, pero el impacto en la escena describe su impresión de asombro, miedo, angustia. A consecuencia de la muerte del profesor el conflicto detona en la búsqueda de sus responsables sin importar la búsqueda por comprender la justificación de sus acciones,  es decir, las instituciones de justicia instrumentaliza sus recursos para recuperar el orden social, sin importar la atención a nivel individual de los protagonistas.

Sin embargo, si bien el argumento antes descrito ha sido uno de los puntos centrales descritos por la “crítica” o de la opinión del espectador para, coloquialmente “denunciar” el problema de la salud mental frente a las instituciones de justicia o psiquiátrica, este se estanca en lo políticamente correcto para juzgar los productos culturales para representar fenómenos sociales; la otra lectura posible de la serie se encuentra sobre lo que Jaques Derrida define por Hauntología, o el estudio de lo persistente sin permanecer presente materialmente en el tiempo; siguiendo esta línea epistemológica el filósofo británico Mark Fisher, interpreta el concepto desde lo nostálgico, a lo persistente en las sociedades posmodernas ancladas por su pasado para repetirlo sin generar condiciones de ruptura para generar cosas nuevas[2], o básicamente las viejas ideas del pasado que rondan en el presente, carentes de originalidad en su contenido, pero en su forma apelan a lo nostálgico para continuar su reproducción de plusvalor. La hauntología, desde el valor económico juega un papel vital en el espectador The End Of The F***ing World, en relación a las técnicas de producción (montaje, fotografía, planos, música) para desarrollar ambientes que entran en contacto con la dimensión emocional, o en palabras del sociólogo Pablo Gaytán[3], se gestan ideas y emociones sobre lo no vivido, en incluso a deformar el pasado mediante las emociones para idealizar aquello que nunca fue apreciado por el espectador.

En cuanto elemento de guión y actuación, lo hauntológico trabaja en los conflictos individuales de cada personaje; en el caso de Alyssa: ausencia del padre; ausencia emocional de la madre; el acoso no dicho por parte un tercero dentro de la familia; en James: único testigo del suicidio de su madre, nula capacidad para mostrar emociones así como la muerte del padre, con quien divaga por la carretera con el resto de sus cenizas. Estos elementos, marcan el carácter de los personajes, pasivos  por varios momentos, carácter dócil, donde priman los recuerdos, los acontecimientos del pasado es el filtro para evadirlos, para reconstruirlos siguiendo a Max Weber en tipos ideales en la realidad.

En conclusión, la serie cautiva no por sus aportes técnicos o narrativos, sino por el factor nostálgico en proyectar en el imaginario paisajes cognitivos y sonoros evocadores del pasado, sin ser testigos de los mismos por parte del espectador, de manera simultánea con el desarrollo a nivel de actuación, la construcción de personajes subsumidos en su pasado, factor de placebo para tergiversar la realidad, hauntología como remedo para las audiencias.

Bibliografía

Fisher, M. (2019). K-PUNK-Volumen 1. Escritos reunidos e inéditos (Libros, películas y televisión). Buenos Aires: Caja Negra Editora.

Gaytan, Santiago, Pablo. (2018). Anarquía Suburpunk. Confluencias rebeldes en la metrópoli 1977-2017. México: La Casa del Ahuizote.

[1] Egresado de la carrera en Sociología por la UAM-Xochimilco, participa en proyectos de intervención urbana, actualmente colabora con el colectivo Fuego en el Barrio.

[2] Fisher, M. (2019) K-PUNK Volumen 1. Escritos reunidos  e inéditos (libros, películas y televisión), Buenos Aires,  Caja Negra Editora.

[3] Gaytán Pablo, S. (2018) Anarquía Suburpunk. Confluencias rebeldes  en la metrópoli 1977-2017, México, La Casa del Ahuizote.