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A continuación presentamos Efecto emotivo, un fragmento del libro Guerra Mediática Prolongada. Emocracia, violencia de Estado y contrainformación, publicado por la UAM-X en marzo del 2013. El texto y el documental que los usuarios podrán leer y ver remiten en primer lugar a la Glorieta Insurgentes, la cual esta en proceso de blanqueamiento socioespacial, y en segundo lugar a la cuestión de la emocracia como forma de dominación política en nuestro país, tema que viene al caso en los actuales momentos que vive la ciudad de México.

Pablo Gaytán Santiago

Imagen de portada: Inquisición electrónica Autor: José Manuel Valdés Amezquita

Efecto emotivo

Como he venido afirmando en páginas anteriores, la sociedad mexicana es escenario de la GMP protagonizada por el ejército “creativo” de los medios electrónicos de comunicación y el elenco de “carismáticos” líderes políticos. Ambos como hemos visto se dirigen a los ciudadanos del país como si éstos fueran espectadores del sicodrama nacional.

Al igual que el espectáculo, la guerra mediática regula las emociones de sus pasivos receptores con discursos que van desde la ñoñería telenovelera a la producción de series noticiosas de violencia preventiva. Así, desde hace años hemos asistido a la proliferación de acontecimientos triviales o trascendentes como los asesinatos de políticos encumbrados que debido a su sobreexposición mediática han producido el desencanto político de televidentes y radioescuchas. Esta forma de convertir la actividad política en un interminable reality show tiende a eliminar las raíces del conflicto social y la radicalidad política.

Con ello los ciudadanos (espectadores) despojados de todo atributo libertario se convierten en auténticos voyeurs y jueces de los acontecimientos a imagen y semejanza de los participantes del reality de moda. Esta forma dominante de percibir la realidad se estructura con la programación de acontecimientos que denomino violencia forzada ocurridos en el pasado reciente en nuestro país. Los ejemplos no escasean; el bombazo detonado en avenida Chapultepec a unas cuadras de las instalaciones de la Secretaría de Seguridad Pública del DF, cuyo hecho fue rápidamente convertido en “parte de guerra” entre la policía preventiva de la Ciudad de México y el fantasmagórico Cártel de Culiacán. El bombazo se prestó para que la secretaría de propaganda de la ciudad de México y los medios de comunicación dramatizaran un atentado perpetrado por el narco. Sin ningún indicio de autenticidad en la información y con un montaje espectacular, medios y políticos construyen la noticia para los espectadores, quienes más bien quedaron confundidos cuando no se conoce con exactitud si la testigo del evento sobrevivió o murió o cuando vemos el video en donde solo observamos las espaldas de los presuntos implicados. Los supuestos continúan interminablemente ante la ausencia de una reivindicación o una historia que continua con la detención del supuesto personaje que ordenó la supuesta ejecución de un supuesto jefe de la policía. Opacidad, opacidad y más opacidad como suelen decir los líderes de la opinión pública. Pero al final de cuentas tal opacidad reivindica la “eficiencia” de los servicios de inteligencia de la ciudad, los cuales son incapaces de resolver un secuestro de un ciudadano de clase media, pero eficientes para justificar la introducción de siete mil cámaras de videovigilancia en las zonas de “alta delincuencia”. Lo paradójico del caso es que algunas de esas zonas de alta peligrosidad las ubica la misma policía a las afueras de las escuelas de educación básica de la Ciudad de México. La profilaxis del gobierno de izquierda coincide con la campaña de combate al narco del “espurio” gobierno federal.

La regulación psíquico mediática no sólo se aplica para marginar a los fumadores de los espacios públicos en los últimos meses, también ha conquistado el cuerpo militante de los partidos de oposición institucional. Recuerden ustedes la violencia escenificada por las tribus que se disputan el control del presupuesto federal del PRD, donde el mismísimo día de la bandera, pudimos observar el ataque visceral de los bejaranos contra los chuchos a la voz de “fuera traidores”, ante la complacencia del jefe máximo del partido. Ese mecanismo no es otro que la regulación psíquica de los comportamientos de la diferencia política al interior de un partido vertical de izquierda que se permite utilizar el linchamiento como una forma de disciplina frente al caudillo. No hay duda que esa escaramuza evidenció que las acciones mediáticas se pueden devolver contra el autor de la acción; ¡el que a medios mata, a medios muere! O también podríamos decir que el que ¡a miedos mata a miedos muere!

Hay otro ejemplo de cómo la violencia de oposición es sustituida por la violencia forzada, en donde los espectadores se vuelven servilmente partícipes del genocidio, tal y como sucedió en la batalla ecuatoriana de la guerra de guerrillas latinoamericana donde fue masacrado el segundo de a bordo de las FARC y en donde la onda expansiva impactó sobre un grupo de jóvenes militantes bolivarianos de origen mexicano. Este acontecimiento de impacto mundial ha provocado la visibilización de decenas de grupos simpatizantes o ligados a los movimientos guerrilleros en nuestro país. La presencia de jóvenes mexicanos, estudiantes de la UNAM hizo pública la topografía de colectivos, organizaciones y movimientos simpatizantes de la lucha armada al proyectar hacía el espectador en general discursos xenófobos (desconfianza hacía cualquier colombiano, cubano o venezolano) hasta la estigmatización de cualquier joven militante con aspecto de guerrillero -aunque no sé como estas mentes van a distinguir entre un camuflaje tepiteño y un camuflaje al estilo Zara-, buenos sí sé; a partir de la calidad de las telas y las zonas urbanas según el joven se desplace.

En suma, estas escenificaciones que con toda su estela de miserabilismo humano, tragedia y muerte, demuestran que vivimos en medio de un régimen de violencia forzada que no es necesariamente física, ya que es básicamente emocional. Es profiláctica, preventiva, ejemplar o regulatoria dependiendo de los reforzamientos mediáticos en boga con el propósito de generar conductas que consiguen adaptar a los “ciudadanos sin atributos” a una disciplina social apolítica con el fin de que declinen a sus derechos para dar lugar a una autorregulación que raya en la felicidad paradójica del individualismo tedioso.

La interlocución privilegiada de los creativos de la GMP tanto nacional como global es la juvenil, específicamente las generaciones que han sido educadas en las dos últimas décadas en los medios electrónicos de entretenimiento, quienes después de haber consumido miles de horas televisivas, video por internet, música en iPod, facebook, conciertos masivos, revistas del corazón y de haber vivido el tedio de una educación derruida y una familia pulverizada, estas jóvenes generaciones miran, escuchan y sienten al mundo a través del cuerpo electrónico de los medios de comunicación.

De ahí que estas infantilizadas almas sean mentes maleables por los medios que, ante la menor insinuación, los emotivos y maleables espectadores son movilizados con mensajes imperativos difundidas en las cadenas televisivas, los mensajes cortos en celular y Youtube (el cual es muy comentado y consumido pero inutilizado por las mentes politizadas).

En ese electrónico universo paralelo suceden muchas ficciones e irrealidades a las cuales están conectados millones de jóvenes, quienes cotidianamente esperan encontrar una novedad, la que sea. En su distraída conexión, los jóvenes, de vez en cuando encuentran novísimos guías con rostro de silicio que hablan el lenguaje llano de la trivialidad y la percepción juvenil en busca de emociones fuertes en la red. La liga entre difusores y receptores entonces produce una especie de diálogo virtual que provoca una movilización efímera, lo cual no quiere decir que provoque organización social, al contrario, previene la colectivización. El resultado lo vimos recientemente en la convocatoria dirigida a jóvenes fragmentados en partículas individualizadas para exterminar emos y esos mismos mañana acudirán a la invitación de convertir la plaza de armas en playa nudista.

Lo que me interesa destacar aquí, es cómo en el universo electrónico se están construyendo estereotipos que hacen explotar frustraciones, desafectos y motivaciones de los individuos consumidores homogenizados mediante la técnica conductista de acción-reacción. No hay duda que el productor de estos videos que invitan a la movilización efímera sigue la pedagogía del director del internado de la película Los coristas: acción- reacción. Y como los chicos están aburridos (¿sería posible esto si los jóvenes estuvieran en una escuela o una familia que satisfaga sus deseos de libertad y creatividad?) entonces acuden a una “fiesta espontanea” o a “patear emos” para evadir el tedio del eterno presente. ¿Por qué mejor estos jóvenes van y patean a su inconsciente o el lado perceptivo que no les gusta de sí mismos?

El ciudadano sin atributos responde reactivamente a la orden de su efímero y desconocido líder para salir mórbidamente a combatir su tedio, su sin aliento, su sin futuro, va en pos de un imaginario enemigo -encubriendo su conducta heterofóbica que también vemos al interior de los movimientos sociales, contraculturales y políticos-, cargando su tenacidad de ser únicos, “auténticos”, hasta llegar al lugar indicado y asestar el golpe al enemigo interior. Esta conducta de ceguera mediática deja fuera de foco las condiciones materiales de existencia del espectador, debido a que los medios y sus productores (ahora son infinitos gracias a Youtube: “no tienes tu televisión porque no quieres”) resignifican la idea de la diferencia. Ahora la diferencia ya no es para dialogar o tolerar, es para combatir al que es igual a sí mismo, pero diferente en su “estilo de vida” y muchos conflictos de la diferencia se derivan del contraste entre vestimenta, gusto musical y signo tribal. Es decir de la pertenencia imaginaria o real a una “tribu urbana” como suelen afirmar míticamente los reduccionistas especialistas en “problemas juveniles”, cuyos discursos han sido funcionales a los monopolios de la producción masiva de ropa y a la industria del entretenimiento. Obsérvese la utilización de la estética “tribal” para dirigirse al gran mercado juvenil.

Así es como se ha creado el universo virtual y urbano del “todos somos tribus” con el propósito de estimular las emociones de autenticidad y pureza cultural, dejando de lado las relaciones de poder y las contradicciones económicas; somos iguales pero diferentes y puros. Ahora la diferencia degradada es construida al interior mismo de los grupos alternativos o marginales, anulando con ello el conflicto frente al poder que algunos de estos podrían tener y estimulando el conflicto tribal entre los grupos sin poder. Podríamos decir que se construye una especie de balcanización social y juvenil.

En ese sentido entiendo la política tribal de la izquierda, las escaramuzas entre anarcopunks y neozapatos, la guerra de corrientes al interior de los sindicatos independientes, la violencia entre las porras de los equipos de futbol y el combate entre los clubs de fans de cualquier artista del espectáculo de marcas. En estos fenómenos de tribalización siempre ocurre la misma historia de lucha poder y la pureza cultural del grupo. Esta interiorización de la diferencia es funcional al sistema hegemónico y produce configuraciones volátiles del diferente. En los distópicos tiempos del siglo XXI cualquiera puede ser diferente de acuerdo a la situación social y mediática en la que se ubique. Por ejemplo, las izquierdas y los movimientos (contra)culturales -comunistas, anarquistas, feministas, ecologistas- que hasta hace unos años fueran las ínsulas de la defensa de la diferencia y la heterofilia, ahora se han convertido en las retículas cerradas de la defensa de la pureza ideológica, el patrimonialismo democrático y la autenticidad de la ideología, despertando así una especie de marginalidad hiperactiva mediática. Desde donde se cuecen linchamientos, juicios populares y violencias inmovilizadoras.

Merece un comentario particular las guerras mediáticas interjuveniles promovidas desde el espacio de la red. Ahí se desarrolla, como una novedad en nuestro país, una nueva guerra de identidades; con videos caseros posteados en Youtube, individuos diestros en el manejo de la tecnología movilizan emotivamente a linchar a los emotivos. Esta tendencia redunda en la oportuna intervención policiaca para regular las emociones juveniles a través de pactos mediáticos entre inexistentes líderes de lo que llaman “tribus urbanas”, y pronto invadirá virulentamente las prácticas juveniles en nuestro país.

De hecho ya vemos a ciertos grupos evangelizadores infiltrados en los grupos y bandas musicales de los distintos géneros del rock a través de los medios electrónicos, radio por internet y revistas electrónicas. Estas tendencias nos muestran una vez más los fenómenos culturales de nuestra desmadernidad; mientras que en otros países los movimientos democráticos y de la sociedad civil los medios electrónicos son utilizados en casos de emergencia para organizarse como masas inteligentes. Ejemplo de ello son Seattle en 1999, 11 de septiembre en Nueva York, 11 de Marzo en Madrid, rebelión juvenil submetropolitana en París en el 2006; en cambio en nuestro país son utilizados para el entretenimiento o para promover el odio entre iguales.

Así, entonces, el suceso es resultado de los fenómenos producidos por los medios electrónicos y fácilmente manipulables por los jóvenes. En el caso particular del impulso antiemo surgido en la ciudad de Querétaro a principios del mes de marzo del 2008, fue utilizado Youtube, espacio virtual donde un anónimo productor de contenidos lanzó un mensaje heterófobo que tuvo un efecto persuasivo; decenas de jóvenes respondieron a la convocatoria en busca de emociones fuertes. Como todos recordamos, el hecho fue utilizado con fines disuasivos por parte del gobierno de la ciudad y los medios impresos de circulación nacional para demostrar a sus lectores “la maldad” de la fantasmagórica ultraderecha y obviamente para vender más. Una de las consecuencias políticas de las acciones mediáticas anónimas es que están removiendo tanto las emociones latentes de los colectivos políticos del país, como el imaginario de la represión. A esto le llamaría un ajuste regulatorio de autodisciplina paranoica, que cobra sentido de realidad si recordamos el impacto mediático y real derivado de los atentados anónimos a oleoductos o sucursales bancarias en meses recientes, así como de las versiones de que en determinadas ciudades y universidades existe la presencia de células guerrilleras.

Es evidente entonces, que el efecto emo está produciendo respuestas tardías y emocionales por parte de la sociedad civil y las mentes críticas en un contexto donde las autoridades del control político local y nacional están interesadas en que los grupos políticos independendientes se nieguen a sí mismos. En suma, podemos decir que éste efecto expresa de manera profunda la tendencia de futuras movilizaciones masivas propias del capitalismo emocional del siglo XXI.

Frente a esta nueva circunstancia psicosocial los colectivos y movimientos sociales y contraculturales en lugar de caer en las redes emocionales mediáticas, como hemos visto en años recientes (guerra sucia mediática en las elecciones presidenciales del 2006, bombazos sobreexpuestos en los medios, antitabaquismo, guerra “intertribal juvenil”, narcoejecuciones), podrían optar por la construcción de un discurso crítico hacía los medios de comunicación y por un análisis de la situación desde una perspectiva compleja para cultivar la heterofilia como una perspectiva de contener la anticultura de la heterofobia.

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