Pablo Gaytán[1]

 

Cerebros destruidos

Dejar en manos de las televisoras la educación básica destruirá los cerebros infantiles. A lo largo de dos décadas ha sido un esfuerzo titánico transitar de una educación bancaria basada en ejercicios mnemónicos con alumnos pasivos hacia una educación más activa mediante métodos pedagógicos de aprendizaje significativo y de competencias en primarias y secundarias. Esta educación activa de estirpe freireana, medio hippie y libertaria a la que anteriormente sólo tenían acceso los hijos de las élites ilustradas, hoy se pretende mediatizar bajo el pretexto de brindar una mayor cobertura post-pandemia COVID-19, lo cual será brutal porque se regresará a una educación pasiva reproductora de niños autómatas y sumisos bajo la vigilancia del ojo gordo del Estado.

En los procesos educativos disciplinarios bancarios los estudiantes eran “iluminados” por sus maestros dentro de las instituciones educativas estatales y privadas con una pedagogía que inyectaba valores, actitudes y comportamientos para la movilidad social; en un afán de motivar al alumno a tener aspiraciones presidenciales o empresariales. Desde su formación preescolar hasta la universidad, los alumnos son seleccionados en diferentes niveles del cuello de botella darwinista: deben “hacer carrera” demostrando sus capacidades competitivas, habilidades cognitivas y su adaptación a las relaciones de mercado, siempre dispuestos a interiorizar los valores de los nacionalismos estatales y sin perder el tiempo en prácticas “improductivas”, las artísticas o filosóficas.

En su mayoría, los educandos provenían de las clases subalternas quienes debían asumir dócilmente el mandato del blanqueamiento social y cultural e incluso olvidar su lugar de origen, lenguaje, rituales y otras significaciones imaginarias como una condición para escalar la pirámide del poder y la social. De esa manera la educación bancaria disciplinaria fabricaba “dividuos” dóciles al servicio del capital y de la burocracia estatal. A muy temprana edad se destruían los cerebros con imágenes repetitivas en función de una sociedad análoga de clases.

Mediatización educativa

En los tiempos de la “nueva normalidad”, es decir, en el capitalismo después de la Pandemia (CdP), donde las fronteras entre negocios legales e ilegales se ha perdido y donde la burocracia del aparato estatal esta permeada de normas y conexiones ilícitas, no queda otra más que “sálvense quien pueda”, una expresión que funge como catalizador de la antífrasis social.  Sobre la ruina social yacen individuos desnudos y desprotegidos ante las nuevas condiciones y explotación del trabajo humano en una urbe comandada por las conexiones telemáticas productoras de nuevas formas de la sensibilidad, percepción y procesos cognitivos. Las tecnologías digitales de la información y la comunicación abren camino hacia el capitalismo de plataformas donde los dividuos pasean como peces en el agua desconectados de su realidad inmediata.

De pantalla en pantalla y esa red de conexiones digitales, la nueva educación bautizada como educación remota o a distancia, los actores del proceso –estudiantes y profesores– están en desaparición y abandono. Si anteriormente los maestros eran desdeñados por los estudiantes en la medida en que no se identificaban con ellos por el pobre manejo y vocabulario de los aparatos digitales o por el desconocimiento del youtuber de moda, ahora, en la “nueva normalidad”, será nuevamente ninguneado al no ser tomado en cuenta en la “evaluación” cuantitativa o cualitativa de los procesos de formación.

Así, a la educación bancaria se le aumenta una pantalla-profesor sin mediación humana ni interacción ni acompañamiento que despierte la imaginación. Un proceso educativo comandado desde los estudios e islas de postproducción televisiva que estimulan en el empequeñecido cerebro infantil o juvenil un darwinismo social mediatizado.

Si anteriormente ya estaban manifiestos actos de violencia, ironías y agresiones verbales de los alumnos hacia los maestros en el aula y en las redes sociales, en este nuevo proceso educativo se acelera esta desvalorización que se agudiza con la intervención directa del Estado y la hidra mediática-digital que, desde las cumbres de elites, han decidido transformar la educación activa en un modelo bancario mediatizado.

Sin mediación alguna, de un plumazo el Estado se asocia con la hidra-mediática para imponer otro modelo y de esta manera asestarle el último golpe a la figura del maestro. Ya ni siquiera fungirá como facilitador educativo, se convertirá en un actor vicario, precario y vigilante “evaluador” de contenidos impartidos detrás de las pantallas de cristal y digitales, sin que el docente haya intervenido en este proceso. Emerge con ello una educación espectral y la profesión magisterial cae al abismo con las imprevisibles consecuencias de esa caída.

¿Qué hacer frente a esa acelerada desaparición del maestro hacia el negro infinito de las pantallas? ¿Quiénes producirán los contenidos? A 14 días del inicio de clases teledirigidas a la niñez y juventud mexicana, el proyecto educativo de la Hidra Mediática-Educativa se reduce a la solución de cuestiones técnicas de transmisión en un afán del Estado Mediático por cumplir con el rating educativo llegando al máximo de tele-educandos. Se observa que funcionarios del sector educativo no garantizaron las metas mediante Internet-Google y como primera opción pensaron lanzar sus anclas con las famélicas huestes de los medios públicos, pero tampoco salieron las cuentas; fue entonces, cuando el grupo de empresarios mediáticos propusieron al jefe máximo una alianza Público-Privada para el “bien de los niños y jóvenes” de nuestra patria.

Así, la Hidra Mediática conformada por TVAzteca, Televisa, Multimedios y Grupo Imagen en santa alianza con la GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon), Youtube y las plataformas audiovisuales emergentes podrán “asistir” a millones de educandos desprotegidos. Con ese diseño educativo las mentes de niños y jóvenes serán entregadas a las poderosas redes analógicas y digitales que han contribuido a destruir cerebros durante décadas. De esta manera garantizan el regreso a clases a partir del 24 de agosto, mientras los maestros son entretenidos haciendo ejercicios de power point, infografías y producción de videos caseros pedagógicos que nadie verá.

Sin contenido ni pedagogía y con pericia técnica, la transmisión ha quedado en manos de la televisión pública y privada que en este momento producen “contenidos” y videos tutoriales para que los niños y jóvenes desde sus casas se “apropien” del conocimiento mientras sus madres y padres desempleados por la pandemia Covid-19 tienen que salir a buscar trabajo para llevar alimento a sus hogares.  El maestro ausente del proceso educativo será un monitor o supervisor de los buenos televidentes e internautas educativos. Los educandos pasarán al siguiente ciclo escolar sin la asistencia docente, evaluación ni incomodos exámenes, tampoco tendrán que sufrir por los molestos aprendizajes simbólicos, lógico-formal, estético, conceptual e histórico. El viejo sueño de la “educación para todos” será cumplido gracias a la Hidra Mediática-GAFA con reconocimiento oficial incluido.

Despojados de las prácticas de aprendizaje, aunque sea bancaria, los estudiantes se irán de pinta a otros canales, plataformas o redes para adultos; la práctica del bullyng será sustituida por las prácticas digitales del troleo y otras formas del odio cibernético. Pero también es posible que desde desdén infantil y juvenil emerja una nueva educación apagando las pantallas y atreverse a abandonar el sedentarismo agudo como un acto de protesta a la deshumanización.

Esperemos que el maestro despojado de sus instrumentos pedagógicos de trabajo y de los contenidos escolares no caigan en el cinismo simulador, la depresión o en el suicidio mental colectivo y sedan toda su responsabilidad a los precarios trabajadores de los medios públicos y privados. Frente al exterminio y ausencia de la figura magisterial, tal vez los maestros movidos por su vocación opten por crear nuevas cavernas donde se comparta el conocimiento fuera del nuevo sedentarismo poblado de pantallas.

[1] Doctor en Ciencias Sociales, maestro en Estudios Urbanos y sociólogo creactivista.