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Reportera: Guadalupe Ochoa Aranda

En el libro Apartheid social en la ciudad de la esperanza cero (2004), el sociólogo urbano Pablo Gaytán Santiago visualizó cómo la ciudad de México se iba a ir privatizando con las edificaciones iniciadas en 1997. Con la construcción de La torre mayor, Ciudad siglo XXI y la modernización del Centro Histórico, necesariamente aparecieron ejes y circuitos viales para la movilidad vehicular, y con ello, las subsecuentes heridas al territorio capitalino que afectarán hasta la fecha a los ciudadanos que la habitan.

Entrevistado por Cauce, el doctor Gaytán habla de las inacabables obras urbanas de la ciudad de México que obstruyen la movilidad vehicular, despojan de sus viviendas y desplazan a miles de ciudadanos hacia la periferia desde hace más de 15 años. Así la construcción de segundos pisos, distribuidores viales, estaciones de metrobus, torres, complejos comerciales, habitacionales y de entretenimiento, así como acciones de limpieza social y el derrumbe de miles de árboles no cesa.

El maestro en estudios urbanos define a estas políticas como acciones de un “Estado Inmobiliario”, pues a pesar de la resistencia y movilización de los ciudadanos, el Gobierno del Distrito Federal no respeta su opinión pues ve en cada habitante a un consumidor.

Con los falsos estudios de opinión levantados a la población flotante por la empresa Ecopark, un programa de movilidad de la ciudad de México que recupera calles y banquetas; con la participación ProCDMX, una agencia de inversión y desarrollo del gobierno de la ciudad de México; y con la inversión de inmobiliarias nacionales e trasnacionales; llegan hasta las puertas de tu casa con buldócer, equipo humano y maquinaria cuando el ciudadano ya no puede hacer nada.

Actualmente Pablo Gaytán Santiago realiza la investigación De la ciudad moderna a la ciudad neoliberal. 30 años de privatización del espacio público en la metrópoli mexicana.

P. ¿Cómo y cuándo comenzó a configurarse, a esto que llamas Estado Inmobiliario?

En los últimos 40 años los ciudadanos viven, resisten y se habitúan a la privatización urbana. En la memoria histórica de los habitantes capitalinos mayores de 50 años, se viene presenciando una traza urbana cambiante que académicamente es llamada gentrificación. Todo comenzó con el sismo de 1985 que destruyó decenas de edificaciones de Tepito, Morelos, Roma y Condesa; el temblor también derrumbó viejas estructuras de poder económico que se ejercían en la ciudad de México.

Mientras la sociedad civil se solidarizaba con los damnificados, surgía un nuevo grupo en el poder compuesto tanto de la clase política como del sector empresarial, quienes propusieron un proyecto de ciudad distinto, entre ellos figuran: Manuel Camacho Solís, Marcelo Ebrad, Alejandra Moreno Toscano, Jorge Gamboa de Buen, entre otros. Aunado a

estos políticos convergen los líderes que nacen de las organizaciones urbanas en pos de la reconstrucción de la ciudad y otros dirigentes adheridos a algún partido político.

A esta clase política-empresarial se le puede definir en la actualidad como un “Estado Inmobiliario”, pues a lo largo de 30 años se viene constituyendo como una asociación de estos dos sectores que día a día viene privatizando y mercantilizando la ciudad en todos sus ámbitos. Los espacios públicos se empiezan a privatizar a partir de 1988-1989, primero con el Palacio de los Deportes, el Auditorio Nacional y el Teatro de la Ciudad de México, luego fueron los Canales de Xochimilco que, con los buenos propósitos de impulsar un programa ambiental en la zona lacustre, éste dio al traste con la organización comunitaria e instaló el conflicto entre sus pobladores.

En 1997, con la figura de izquierda encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas y elegido democráticamente para la jefatura del gobierno capitalino, se inaugura la obra de la Torre Mayor con capital de los Hermanos Raichman, una compañía inmobiliaria mundial. En su gestión también se construye el Eje Metropolitano, Turístico y de Entretenimiento que enlaza actualmente avenida Juárez, Reforma y Ciudad Siglo XXI. Esta última fue creada para el desarrollo financiero del país, y para su levantamiento se realizó silenciosamente el gran desalojo de los pepenadores de Santa Fe afectando uno de los estratos más bajos de la sociedad.

De 2000-2006 se inaugura una política social de control corporativo con apoyos económicos a la población de menos recursos, mientras se crean las condiciones estructurales de privatización de la ciudad de México. Ni los urbanistas, ni los sociólogos, ni especialistas del territorio vieron en ese momento que la construcción de dos distribuidores viales: San Antonio y Zaragoza, servirían para extender sus redes “de movilidad vehicular” que continuaría con la construcción de la Supervía Poniente, las Zonas de Desarrollo (Zodes) y el Sistema Metrobús.

En 2004 visualicé todo este proyecto de ciudad para realizar mi tesis de maestría convertida ese mismo año en el libro Apartheid Social en la Ciudad de la Esperanza Cero, y con ello obtener el título en Estudios Urbanos en la UAM-Azcapotzalco. Esta publicación obviamente en ese momento representó una crítica insana dado que el gobierno ayudaba a las clases más necesitadas.

A partir de 2005 con la política de Tolerancia Cero comenzó la Limpieza Social al desalojar a los artesanos de Reforma y Centro Histórico. Del 2006 al 2015 la privatización llegó a las puertas de las clases medias quienes actualmente están resistiendo a estas medidas. Mi crítica está fundada en que nos volvimos un sujeto conformista e individualizado resguardados en nuestra casas, encerrados en nuestros cubículos o dedicados a nuestras tareas sin voltear a ver cómo a otros miembros de la sociedad los iban desplazando poco a poco a las zonas periféricas de la ciudad.

No se puede seguir viviendo este problema de manera individual y aislada. Los que ejercemos una profesión bajo una visión crítica del territorio, no podemos seguir pensando que no pasara nada. Si bien el trabajo de campo no deja puntos para alimentar becas del Sistema Nacional de Investigadores (SIN), tampoco podemos dejar que las inmobiliarias multinacionales ocupen nuestro país.

P. ¿Más allá de tu interés como investigador, cual sería tu propuesta política y social frente a esta “ocupación inmobiliaria multinacional” en la ciudad de México?

Mi convicción de estar al lado de los movimientos como investigador y documentalista es para apoyar con imágenes y talleres a aquellos que tienen la necesidad de alzar la voz.

La primera experiencia de resistencia frente a los embates del capital inmobiliario, la documenté en Trituran el futuro (1998), un video sobre la defensa de los pueblos originarios de San Bartolo Ameyalco y Santa Rosa para detener la carretera La Venta Colegio Militar, donde los colonos salieron valientemente a protestar para que esa traza no pasara por uno de los últimos bosques y mantos acuíferos de la ciudad. Otro video fue el de los diferentes oficios y vendedores del centro de la ciudad, quienes no lograron detener las obras en deterioro de sus saberes heredados generacionalmente.

Actualmente existen alrededor de quince movimientos en contra de las obras inmobiliarias en la ciudad de México. El problema es que existe poca o nula comunicación entre ellos o no se ponen de acuerdo en las acciones. Mi propuesta es que como ciudadanos debemos de constituirnos como un Sujeto Político para contener el avance de la privatización y el despojo inmobiliario. Para ello es necesario convocar a los afectados a una Convención Ciudadana contra el Despojo Inmobiliario.

Actualmente existe la Organización de los Pedregales de Santo Domingo, ciudadanos movilizados quienes a través de información, actos culturales, manifestaciones propias y de apoyo con otros afectados, tratan de contener el despojo de sus viviendas por la traza urbana que llevará a los automovilistas al proyecto Ciudad de la Salud.

Esta el proyecto del Tren Suburbano-Metepec Lerma que va a pasar por la avenida Vasco de Quiroga donde se encuentran cientos de viviendas populares y de clase media de Santa Fe, cuyos habitantes serán desplazados y desalojados por las obras. Frente a esta iniciativa de gobierno los habitantes han propuesto una traza distinta. Esta el segundo piso del viaducto Tlalpan hasta el Colegio Militar donde los vecinos de San Pedro Mártir, Chimalcoyotl y Tlalcoligia se verán afectados y están en resistencia. También está aprobada la autopista urbana Sur Oriente que llegará hasta la colonia San Felipe de Jesús, sobre la cual se asentarán nuevos corredores comerciales.

También ciudadanos de la colonia Mixcoac están organizados contra “No al Deprimido de Mixcoac”, obra en construcción que está derrumbando miles de árboles y jardines de Río

Churubusco. Sobre ese espacio urbano y sobre Avenida Insurgentes también se construye la “Torre Mítica” que afectará la movilidad vehicular de la zona y se contempla que habrá escases de agua para alimentar al gran edificio. La organización “Yo soy San Pedro de los Pinos” se organiza contra la instalación de parquímetros (ecoparq) en su colonia, quienes tendrán que pagar por estacionar sus autos afuera de sus casas.

En la colonia Juárez los habitantes se reúnen para evitar la obra del Corredor Cultura-Creativo Chapultepec por los efectos negativos que tendrán lugar por obras comerciales en el entorno. Por otro lado, en el Estado de México, la comunidad Otomí (Ñahñhu) de Xochicuautla se resiste a la autopista Naucalpan-Lerma que pasará por sus viviendas y lugares ancestrales que arrasará con miles de hectáreas de bosques y manantiales, así como de su cultura.

La falta de consulta, el cambio de uso de suelo, la construcción de centros comerciales, el aumento de precios por servicios públicos (predial, agua, luz, estacionamiento) por la plusvalía que alcanzarán sus propiedades, son solo algunos efectos de las obras públicas y comerciales de la ciudad. Desgraciadamente los ciudadanos no tenemos una visión de largo tiempo como si la tiene las Empresas Inmobiliarias, esperemos que el actual gobierno del D.F. realicé las consultas como fue comunicado en su reciente informe.

*Profesor investigador del Departamento de Relaciones Sociales (UAM-X), maestro en Estudios Urbanos, doctor en Comunicación Política, sociólogo, documentalista y ensayista

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