Pablo Gaytán

A 35 años de publicar “Crisis y Juventud: se acabaron los sueños”, estos se convirtieron en pesadillas. Hoy día se manifiestan en riesgos vitales, incertidumbres materiales y violencias vividas por millones de jóvenes, quienes recientemente han sido despedidos de trabajos eventuales, o reincorporados a labores precarias, informales, negras y criminales, “trabajos” en donde no se ven el día siguiente. Algunos regresan a casa después de una temporada de vivir en  rooming. Condición existencial y social sin-futuro, reducida a un interminable presente rebasado, eso sí, por aspiraciones de regresar a un pasado no vivido. Una realidad derramada por palabras del neolenguaje políticamente correcto; “austeridad republicana”, “reserva”, “felicidad”, “fallecidos”, “sana distancia”, “nueva normalidad”, “democracia participativa”. Lenguaje de un aterciopelado capitalismo en estado de recuperación acelerada, capitalismo asfixiante.

Vuelvo a leer los ensayos de “Crisis y Juventud: se acabaron los sueños”, y me pasma su actualidad, porque son ensayos construidos en el lomo de la realidad; ejercicios que vistos a la distancia se han convertido en escritos e imágenes lacerantes y en resistencia. Un valor social-histórico que ofrece su testimonio para dilucidar nuestro presente, o mejor dicho el “presentismo” de los jóvenes de la segunda década del siglo XXI. Estos testimonios sobre una realidad juvenil desencantada de la “década podrida” del ochenta, tiene su propia micro-historia.

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En 1984, después de la explosión que hizo explotar San Juanico y sus alrededores (al norte de la metrópoli chilanga), en medio de las revueltas obreras y campesinas contra la austeridad, y la emergencia de organizaciones sociales y políticas entre las pandillas metropolitanas. Un grupo de sociólogos, antropólogos, músicos y fotógrafos pertenecientes a alguno de esos sectores afectados por la crisis y austeridad, nos dimos a la tarea de tender vínculos entre grupos y colectivos de jóvenes de las periferias. De entre una multitud de acciones urbanas, que iban de las tocadas por la paz entre pandillas, hasta encuentros académicos en universidades, pasando por acciones en los barrios de la periferia urbana, nos dimos a la tarea de convocar al encuentro-seminario ¿Existe una respuesta juvenil ante la crisis?. En este, dejamos fluir nuestros deseos, co-investigaciones suburbanas, música, exposiciones visuales, debates, con una rabia que agrietó algunas paredes del aislamiento universitario.

En ese momento, algunos de los participantes ya impartíamos docencia como profesores temporales en universidades; con esas limitaciones y posibilidades organizamos el encuentro-seminario a lo largo de cinco semanas en el mes de abril de 1985, en las instalaciones de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco. Entre debates, performances, tocadas de rock, exposiciones y proyecciones de películas mitológicas transcurrió aquella primavera, sin saber que algunos meses después los terremotos del 19 y 20 de septiembre liberarían toda aquella energía contenida, que al fin se esparcía sobre el territorio buscado.

Un Encuentro-seminario que obviamente encontró los diques de una institución clausurada, con una comunidad enconchada que se asemejaba en mucho a la isla de la fantasía. Un evento que se sobrepuso al conservadurismo del conocimiento y cultural, un encuentro-seminario que rompió el himen de las conciencias revolucionarias del momento, la cual también se oponía al “lumpeproletariado” como solían decir nuestros maestros marxistas.  A contracorriente, solo algunos de los que participamos dimos el portazo a la Casa Abierta al Tiempo; ventilamos el ambiente asfixiante solo por algunos momentos para dar lugar a otros mundos al interior de la UAM-A.

La publicación de  “Crisis y Juventud: se acabaron los sueños”, es el testimonio de ese tiempo, de esas acciones que yacen en la memoria colectiva oculta a conveniencia, pero que al darle una hojeada nos remite al quién es quién a la distancia de un largo respiro de poco más de tres décadas. Algunos participantes han abandonado este mundo por diversas razones (Pablo Cáncer, integrante del grupo Enigma; Carlos Alvarado, teclados de Chac Moll; Francisco Salazar, profesor de sociología), otros se integraron rápidamente al sistema político, unos más siguen pernoctando en los cubículos de la incongruencia; otros, incluso construyen autonomía al sur del país, y algunos seguimos al lado de una sociedad que regresa una y  otra vez a la crisis y la austeridad.

A continuación, el lector interesado leerá un conjunto de ensayos producto de aquel seminario-encuentro. Un testimonio colectivo, en donde podrá hacer un ejercicio lúdico de espejos, el cual despertará alguna imagen dormida o abrirá una grieta por donde reflexionar el presente. Demos paso a una memoria colectiva contra la austeridad y la crisis. De todos y cada uno depende convertir la pesadilla en un nuevo sueño, en un nuevo deseo utópico.