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Pablo Gaytán Santiago

El dinero y la fama corroen las aspiraciones democráticas de la Ciudad de México. Nada más hay que observar la efervescencia desatada por la declaración de la Reforma Política de la ciudad entre los novísimos activistas anti-gentrificación, para comprobar que el interés de la mayoría de estos no es precisamente detener la voracidad inmobiliaria o la denuncia de la complicidad de las instituciones estatales encargadas de la vigilancia del cumplimiento de las normas del uso del suelo o la construcción de obras, sino el dinero y el ánimo de “trascendencia histórica”.
Este desaforado interés de participar en un proceso político planeado y administrado por la clase política de siempre, está funcionando gracias al individualismo que responde a la convocatoria de los distintos partidos políticos representados en las cámaras legislativas, que medran con el presupuesto y se ostentan como propietarios de la participación ciudadana. Con ese supuesto, los integrantes del camaleón político que cambia de color frente a los ciudadanos que le miran a los ojos, están lanzando carnadas y promesas; a ciertos “activistas” que no se representan ni a sí mismos, a quienes invitan a participar en la elaboración de su propuesta de constitución; a otros los convocan para que sean candidatos a formar la asamblea constituyente y entren en el proceso desgastante de elecciones para obtener alguna representación en la nueva cámara legislativa, algunos más, de acuerdo a su comprobado trabajo político “ya casi tienen la candidatura asegurada”. En este juego de cuotas y promesas, el dinero brilla y la fama promete. Lo cual trae como consecuencia la desmovilización, la insidia y la desestructuración de algunos movimientos e iniciativas ciudadanas; la antipolítica partidista está desapareciendo todo fermento de oposición vecinal. Siempre bajo la vieja premisa ideológica del priísmo del “todo lo que resiste apoya”.

En suma, la política tradicional de cooptación desmoviliza mediante la creación de auténticas “zonas grises”. Con mesas de trabajo, foros, asambleas manipuladas en donde los ciudadanos en movimiento contra las iniciativas de la privatización del espacio público, son canalizados hacía la participación formal de “lo político”, con ello, los intereses del establecimiento son asegurados al romper con todo fermento de política independiente o autónoma. Este fenómeno esta filtrando todos aquellos espacios en donde los ciudadanos se auto-organizan; con distintos métodos que llevan al vecino a un mundo de avatares, de meras representaciones virtuales sin ciudadanos o vecinos reales, pero al fin, de políticas que promueven el desgaste y la desintegración de las vías autónomas de hacer política en el espacio público. Así, de un día para otro el delegado de Coyoacán convoca a una consulta ciudadana para saber que hacer con la planta de asfalto en la zona de los pedregales de Santo Domingo, en donde se pretende construir la “Ciudad del futuro”. Dicha iniciativa es sintomática, ya que pretende envolver en un debate local y localizado a un conjunto de colonos que se oponen a la privatización del espacio público, pero además con el fin de “entretenerlos” en su territorio en una lucha intestina entre ellos mismos y así desmovilizar su crítica global hacía una ciudad en manos del establecimiento inmobiliario. Por otro lado, en la zona de San Pedro de los Pinos-Condesa-Roma-Colonia Juárez los partidos de todo color están invitando a los activistas vecinales mas visibles para que colaboren -ya que es la oportunidad para cumplir sus aspiraciones-, en la redacción de las propuestas partidistas de constitución, cuando el sentido común indica que la constitución CdMx. ya está redactada y “planchada” como suelen decir los políticos profesionales. Sucesivamente en estos días seguiremos observando la caída de las máscaras ciudadanas para mostrar los rostros ocultos de los militantes partidista “avecindados”.

Al mismo tiempo, la guerra por el suelo sigue en las distintas zonas de la Ciudad de México: desalojos de colonos engañados por la organizaciones corporativas de los partidos en el gobierno, repartición de pequeños territorios con fines especulativos, desalojos de casas-habitación o espacios culturales en colonias en proceso de gentrificación, la “destrucción creativa” sigue allá en donde hoy los vecinos “interesados” voltean hacía los ojos del poder y así contribuir a la invisibilización de los intereses del establecimiento inmobiliario. Y estos son tan visibles que están allí redactando la nueva constitución. Allí no cabe la visión de ciudad de los ciudadanos-vecinos, por eso mismo estos deben de contra-informar y evidenciar al camaleón político que sirve al establecimiento inmobiliario.

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