Texto: Antonio Nieto Cuevas
Sonidero Marginal

Fotografía: Lizbeth Solís
Web
Instagram

Sonido Retro

El Ex Balneario Olímpico, ubicado en la colonia Agrícola Pantitlán, será sede de la gran convivencia sonidera el próximo 17 de marzo. En el marco del tradicional evento se realizaron una serie de actividades en la sede de Sonido Retro ubicadas sobre la calzada Ignacio Zaragoza a unos minutos del metro Guelatao en la unidad habitacional “2 de octubre” número 1715, colonia Ejército Constitucionalista, alcaldía de Iztapalapa. La unidad se encuentra ubicada en las antiguas instalaciones de una preparatoria y es producto de las luchas comunitarias por la vivienda durante la década de los noventa, en la planta baja de uno de sus edificios se presentan, desde el 28 de enero, las actividades previas a la Convivencia Sonidera como la exposición sonidera y una serie de actividades diarias que incluyen conversatorios, presentaciones sonideras y de clubs de baile, todas ellas transmitidas en línea por la página de Sonido Retro. El evento es una iniciativa coordinada por David Mendoza y resultado del trabajo en equipo y el apoyo de Sonido Jazmin, Joyce Musicolor, Producciones Pinocho y Pedro Olvera el Chivo.

Exposición Sonidera

David Mendoza expresa que el proyecto busca rescatar a una generación de personas que se han dedicado al sonido y han sido fundadores del movimiento sonidero que es una fuente de trabajo, un movimiento social y un medio de difusión musical y cultural. En la exposición se presentan carteles de época, fotografías y objetos característicos de la cultura sonidera.

Sonido Jazmín

Platicando con sonido Tacuba antes de su presentación nos dice que el empezó a poner música desde muy pequeño en las vecindades de Tacuba, actualmente a sus 71 años ya tiene una carrera de 50 años amenizando fiestas en barrios, colonias y vecindades donde los mexicanos desarrollamos el inusual estilo de bailar la cumbia de a brinquito, resultado en parte del aporte sonidero de bajar la velocidad a los diferentes géneros que se importaban al país como la cumbia o la guaracha, logrando así lo que el Chivo llama el “uno, dos y el tres” esa pauta musical que permite a los bailarines mexicanos bailar en su particular estilo. Aunque hay quienes todavía disputan la invención de la cumbia rebajada otorgando el merito al peñón de los baños o a Gabriel Dueñez en Monterrey, es en la Sultana del Norte, en barrios bravos como la Campana o la independencia, donde se ha llevado a algunos extremos generando un público y estilo de baile denominado cholombiano o chuntaro quienes en la rueda de la cumbia, vestigio de los mitotes chichimecas, realizan un baile lento y teatral con pasos como el del gavilán o la motoneta.

Sonido Tacuba

No solo surgen preguntas en torno a quien fue el primer sonidero sino también sobre quién comenzó a introducir los diversos géneros tropicales en el ambiente sonidero, si bien durante las primeras décadas del siglo pasado los ritmos cubanos predominaban como el danzón, la guaracha, el son (de la mano del negro Peregrino), el cha-cha-cha, la rumba y el mambo; es durante la década de 1940 que llega a México el colombiano Luis Carlos Meyer y comienza a interpretar la cumbia y el porro junto a los mexicanos Rafael de Paz y Tony Camargo, iniciando así lo que posteriormente se denominaría cumbia mexicana interpretada por Carmen Rivero, Chelo o el gran Mike Laure que utilizaba instrumentos del rock para tocar la cumbia. Tal vez los sonideros no fueron quienes introdujeron estos géneros en el país pero sí se dedicaron a viajar por América Latina para traer al país discos y ponerlos en sus presentaciones, el mérito lo atribuyen a Gregorio Ortega, sonido Jazmín, en ser el primero en viajar por discos a Colombia a quien sonideros como Fascinación o Arcoíris le compraban los discos, posteriormente seguirían el mismo camino otros como Sonorámico o la Timba, es a ellos a quienes sí podemos responsabilizar de la introducción en el país de géneros como la chicha, el huayno, la technocumbia, las gaitas o el san Juanito. Los sonideros logran que en tiempos de la hegemonía cultural estadounidense la cultura latinoamericana siga fluyendo de sur a norte, a contracorriente.

Posters sonideros

El dancing en méxico

A partir de los años veintes, en el México postrevolucionario, el baile se convierte en un estado de ánimo colectivo. La música se divulga mediante el cine, la radio (XEW, 1930), la televisión, rocolas y tocadiscos. Tanto en negocios, antros, salones, casas y vecindades la música servía para amenizar la convivencia y eventos sociales, así  los ritmos comienzan a integrarse: guaracha y danzón, son tropical y el bolero ranchero, el blues y el charleston, después de bailar el vals de la festejada seguían el mambo y el cha-cha-cha.

El salón México inicia sus actividades en el año de 1920, ahí la nueva pequeña burguesía mexicana, la clase media urbana emergente y el proletariado urbano busca mediante el danzón y otros bailes salir del estado anterior mediante la diversión y el esparcimiento. Surgen sitios como el Club Verde, Waikiki, el siglo XX, el Tivolí, el Lirico, California Dancing Club o el Margo.

Ya sea una boda, quince años o graduación las familias de los obreros, albañiles o burócratas  deciden festejar alquilando un aparato de sonido, instalando toldos o abriendo cancha en el patio de la vecindad “En Santa Julia y la Guerrero se arreglaban los patios de las vecindades con todos los aditamentos posibles (…) que los adolescentes (también encargados del sonido) aprovechaban para iluminar (…), simulando los escenarios  vivos  que miraron de pasada en los escaparates de las tiendas y en sus primeras incursiones al Tívoli o al Follies”[1]

En cabarets y salones de baile de “mala nota” surgen los nuevos héroes del barrio, especialistas en determinados ritmos, quienes llegaron a profesionalizarse mediante el espectáculo como Tin Tán, Resortes, Calambres, etc.

Niñas sonideras

Alberto Dallal expresa que el dancing liberó  mucho antes a las mujeres “aquella que se «atrevía», que entraba y le daba duro al baile, estaba ya del otro lado” y con los sonideros la comunidad gay también encontró un lugar para construir y expresar su identidad. Con la aparición de la televisión, en 1950, se consagran artistas como Pérez Prado; así el cabaret, el teatro frívolo y el teatro de revista son trasladados a los hogares de los sectores medios y es aquí donde continua la lucha de ritmos, blues contra danzón, swing contra el mambo y el jiterbug con el cha-cha-cha. Hombres y mujeres dejan atrás la imitación y comienzan a innovar en los actos dancísticos que les son afines, mientras las clases medias no aceptan la influencia de modalidades populares y se vuelve más receptiva a la música norteamericana las clases bajas realizan las formas más espontaneas de la danza cómo son las rumbas, zambas, congas, tangos, merengues, milongas, cha-cha-cha.

Morelos y Sonido Alce

Es éste el germen del fenómeno social y cultural denominado sonidero; comenta el escritor Pedro Sánchez que “inicia en las colonias y barrios populares de la ciudad de México en la década de 1940 (circa), con la renta de consolas para amenizar las fiestas de las clases menos favorecidas. Su objetivo era llevar música, diversión, baile y alegría a los patios de las vecindades.” Ernesto Rivera Barrón, creador del proyecto Cultura Sonidera,  plantea que esta necesidad da como resultado el nacimiento de un nuevo oficio el de sonidero, “ este movimiento fue bautizado por los usuarios como «el tocadiscos de» (…). Ya para los cincuentas en la colonia Peñón de los Baños el tocadiscos de Don Pablo Perea León es bautizado por el propio don Pablo como «Sonido Arcoiris»”. Juan Ortiz mejor conocido como Okere Dj de Discos La Clave agrega que fue Sonido Rolas el primero en tener apodo y en influenciar a sonideros como La Changa sugiere también que Samuel Gómez, el duro de los discos tropicales de Tepito fue el primero en viajar a colombia por material discográfico. El promotor cultural y activista de derechos humanos, Jesús Cruzvillegas indica que lo sonidero es cultura “fundamentalmente porque pertenece a una realidad social y humana, a los barrios y a las personas que se sienten identificadas con el género musical y el modo de bailar. Hay todo un patrimonio sonidero: hay discos, una producción audiovisual, registros de bailes; la gente compra grabaciones de los bailes sonideros.”[2]

Sonido Güepaje

De iztapalapa para el mundo

Joyce es originaria de la colonia los Ángeles de Iztapala, empezó su carrera como sonidera hace diez años siendo locutora de un programa tropical en Ritmos Latinos Radio y posteriormente como asistente de sonido el Pato, para ella la primer sonidera fue la Socia de Tepito, actualmente forma parte del colectivo Mujeres vinileras y se presenta en diversos espacios de la ciudad, además impartirá el taller Musicolor sobre el oficio de sonidero en el Centro Cultural de España en México, considera que el estilo de trabajar es diferente entre un hombre y una mujer, entre las mujeres sonideras están Ely Fania, Marisol Mendoza de Musas Sonideras y Gatubela. Producciones Pinocho ha trabajado con casi todos los sonideros, también destacan personas como Cubaney por su gran colección de discos de vinil. David Mendoza señala que la convivencia sonidera se lleva a cabo desde hace cinco años y buscan de esta manera rescatar el gusto por la música, el baile, resalta que el sonidero es el vehículo para difundir en México la música de centro y Sudamérica y se ha transformado en un movimiento social que ha movilizado a generaciones.

Joyce y Antonio Nieto

Los organizadores se ha dedicado a restaurar un equipo de sonido al estilo antiguo y en las presentaciones en vivo se trabaja con tornamesas Garrard modificados para lograr que las revoluciones bajen su velocidad. Mucha de esta música se escucha en espacios de pobreza y marginalidad y parte del estilo del sonidero es mandar saludos generando así un vínculo social ya que los asistentes se comunican entre si y reconocen su presencia en el evento, así el sonidero pasó de ser un mero programador de música y se convirtió en una parte esencial de la fiesta. Así los sonideros se volvieron grandes empresas que poseen grandes recursos técnicos y equipo que transportan en tráileres y camionetas. Durante los años 90 comenzaron a viajar a Estados Unidos y los saludos que se enviaban llegaban a México mediante grabaciones en cassets de los eventos en vivo.

Familia Sonidera

Pedro Olvera tiene su sonido, Sensación tropical, durante muchos años trabajó en la disquera Peerles y junto con Víctor Nanni, seleccionaban temas para editarlos en el país o para ser interpretados por los grupos de cumbia mexicanos como el Grupo Emperador o grupos de estudio como Amazonas y  los Aventureros de los Andes. El Chivo destaca la aportación de artistas como Aniceto Molina, Lucho Argain, Policarpo Calle a la cumbia mexicana algunos de ellos olvidados incluso por las mismas agrupaciones a las que tanto apoyaron como es el caso de Poncho Zamudio y los Ángeles azules. Fue en Radio Voz donde los sonideros pudieron entrar a la radio y recuerda el gran baile en el Cortijo donde se realizó un memorable maratón de sonidos. Entre las disqueras mexicanas destacan Latin Record, Toka, Aries, Gabal, Discos Dancing.

Pedro Olvera «el Chivo»

La gran convivencia sonidera contó con la participación de grandes sonideros como Sonido La Changa, Dandy, Guepaje, Campos, Super Dengue, Condor, Pancho, Stereo Rumba y Batichica. Una actividad destacada es la entrega de premios a lo más destacado del ambiente con una reproducción del Tequendama de oro, clásico emblema de la música sonidera.

Tequendama de oro

[1] Alberto Dallal, El “dancing” mexicano, SEP, México, 1987.

[2] Jesús Cruzvillegas, Pasos Sonideros, Proyecto Literal, México, 2016.